• ALEJANDRA OROZCO

Suben con fe a cortar flores para el niño Dios


Tuxtla.- Cada diciembre, Acala se viste de fiesta para llevar a cabo su festividad más grande, movidos por la fe y la devoción. Desde el pasado 16 de diciembre en la madrugada, más de 700 hombres acaltecos dejaron sus hogares para subir a la montaña, y traer flores para el niño Dios.

El festejo comienza con un rezo en la casa de la madrina del niño el sábado 15, que reúne a todo el pueblo para, a su vez, darles la despedida a sus floreros, que tienen desde 15 hasta más de 70 años, todos preparados con su morral, su indumentaria, machete y chamarra, y el pañuelo rojo al cuello.

Esa noche, agarran camino a diversos parajes, ya que se reparten en grupos, desafortunadamente, cada vez es más difícil encontrar la preciada flor de Niluyarilu o bromelia, que se da en los árboles y debido a la tala, hay que ir más lejos.

Don Ovilio lleva 42 años participando en esta tradición, y este año le tocó cargar al niño, una dicha y gran oportunidad, considerado un privilegio para todo florero. “Nos hemos preparado cada año confesándonos, espiritualmente; físicamente haciendo un poco de ejercicio para estar en condiciones”, nos comenta.

Este grupo salió de Villa de Acala el fin de semana, pasando por distintos parajes donde recogieron la flor roja, como Fray Bartolomé, Dos Lagunas, San José las Flores, Rancho Nuevo o San Antonio, para llegar a El Carrizal, a unos 15 minutos de San Cristóbal, donde sus familias llegan a verlos, apapacharlos, alimentarlos.

“Vamos parando por otros lugares, donde quedamos a campo abierto a pernoctar, cada uno cargando a cuestas su tercio de flores, hay con diferentes cantidades, en promedio llevamos de 50 a 70 flores cada uno”, nos cuenta.

Lo más difícil es sacar la flor, ya que las condiciones del clima los han hecho pasar frío, y como ha llovido, todo está húmedo y les ha costado recolectarlas, a esto se suma la altura, que implica mayor esfuerzo físico. Sin embargo, Ovilio siente la gran satisfacción de cualquier florero al cargar al niñito, lo que representa una bendición.

Seis décadas con la flor a cuestas

Otro caso especial es el de don Pedro Sánchez, que este 2018 cumple 60 años de florero, tradición que empezó cuando tenía 14 años y ha mantenido debido a la importancia de seguir con lo que les dejaron sus antepasados, para no perder la tradición y agradar a Dios, ya que en el trayecto, les van hablan los sacerdotes de que el Niño también debe nacer en el corazón, y deben tener respeto entre ellos mismos.

“Soy el primer representante de la comunidad, es una gran responsabilidad que tengo desde hace 40 años, no cabe en mí todavía estar al frente de mi gente, con mucho orgullo lo digo, para estar y que me respete esta cantidad de gente, a Dios le pido que me ayude”, nos cuenta.

Esta tradición tiene más de 200 años de antigüedad, aunque nadie sabe a ciencia cierta su origen. Cada año, hay quienes se mantienen fieles sin importar las circunstancias, otros que fallan y otros nuevos, lo importante es que sigue siendo un viaje nutrido y que, mientras haya flor, seguirá vivo.

“Siquiera ahorita ya llega carro hasta acá, antes salíamos del pueblo caminando y nos íbamos, y ya no sabían nada de nosotros hasta los ocho días que regresábamos con la florecita”, señala don Pedro, cuya familia llegó a verlo al Carrizal.

En todo este tiempo, ha habido notables cambios, pues los han tachado de estarse acabando la flor, lo cual es falso porque no se la acaban ellos, ya que solo pueden cortar la flor que se encuentra a cierta altura y lo demás queda arriba; como peregrinos no se la van a terminar, aunque se ve a orilla de carretera cada vez más madererías y la tumba de árboles para carbón.

“Lo que lo está acabando y que nos preocupa es la tala, acaban con el follaje donde se da la flor y es penoso, porque cada vez llegamos más lejos, pero donde quiera está la tala, oímos las motosierras y nadie puede controlar la situación”, dijo.

Toda la familia forma parte

Aunque los únicos que peregrinan son los hombres, por las inclemencias del viaje, hay parajes en los que pueden recibir la visita de su familia, como El Carrizal o El Puentecito. Don Alejandro, por ejemplo, lleva 35 años en esta tradición, por lo que sus hijos y esposa llegaron a su encuentro después de cuatro días.

“Llega gente de todas las edades, es una tradición sobre la fe, por eso estamos acá, por el niño Dios florerito… lo más difícil puede llegar a ser la convivencia con las personas, a veces sí podemos estar bien, pero no faltan los problemas”, dijo.

Su esposa, Elsa, señala que cada año los esperan con mucha fe. “En este paraje les traemos comida porque no les alcanza, les traemos carnitas algún caldito, algo sabroso porque sí llevan comida, pero siempre sequita, se les acaba”.

En este andar, van acompañados por un sacerdote, que también hace el recorrido con ellos y además de vivir este sacrificio, es una guía espiritual, es el párroco de la comunidad San Pablo Apóstol en Acala, César Augusto Ruiz, quien camina con ellos.

“Es una celebración trascendental, fortalece la vida del pueblo y de las familias, aunque cada intención es personal, ya que cada quien viene a lo que viene… algunos rectifican el encuentro con el Señor, otros vienen por diversión, tratamos de unificar criterios con la fe y cada vez hay más jóvenes nuevos, cada año agarra más fuerza”, dijo.

Este año también los acompañó el predicador Hiram Acosta, para quien es muy importante darle un sentido espiritual, para ello ha trabajado con los floreros sobre el perdón, la importancia de reconciliarnos con nosotros, con Dios y la familia, porque el perdón nos libera y da paz.

“A veces cargamos con resentimientos y guardamos esas heridas, los floreros tienen circunstancias que no han podido sacar, por lo que deben aprovechar estos momentos de predicación y oración, hacer que tomen más fuerza, que sigan las familias para crecer como personas y seres humanos”, mencionó.

El jueves 20, es el día en que los floreros bajan al pueblo, pasando por otros parajes donde las familias también los esperan con alegría, con cuetes, con pozol y rezos, pues los hombres del pueblo traen la ofrenda para que el 25, construyan la casa del recién nacido niño Dios.

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