• ALEJANDRA OROZCO

Mi primer Día de las Madres


Pasando las 12 de este domingo, mi corazón se aceleró... era como mi cumpleaños, pero mejor: era mi primer Día de las Madres, volteé a ver a mi Elisa, dormida tranquilamente en la cama, y sentí una emoción inexplicable: todavía no me cae el 20, ella es mi hija, yo soy su mamá.

Siempre he celebrado el 10 de mayo con mi mamá, con mis abuelitas, en familia, pero como hija/nieta/sobrina y no como mamá. ¿Qué cambió? Todo, la sensación es diferente, a pesar de que llevo apenas dos meses en esta ardua labor de ser mamá.

La primera felicitación obviamente fue la de mi mamá, y también fue la más significativa: la mujer a la que yo felicito año con año durante los primeros minutos del día, a la que le he hecho manualidades, desayunos en la cama, le he comprado ropa, la he llevado al spa o la he invitado a un restaurante, esta vez me felicitó por ser mamá antes de escuchar un “felicidades”.

Mi mamá es el mejor ejemplo que tengo de cómo ser madre; sin duda no es perfecta y dista de serlo, pero en estos 27 años es la primera que viene a mi mente cuando pienso en mi héroe, en mi orgullo, en mi ejemplo a seguir, con su amor, disciplina y consejos, me ha formado como mujer, y hoy me inicia en mis primeros pasos como mamá.

Ha sido incansable en su labor, ha luchado contra todos los obstáculos, me ha apoyado a salir adelante de las enfermedades, de las rupturas amorosas, de las dificultades laborales y de todo tipo, siempre con sus brazos abiertos, con un hombro para apoyarme y escuchándome antes de juzgarme.

Les repito, no es perfecta. Pero conforme he ido creciendo, me he dado cuenta de por qué ha hecho las cosas, que a veces me corregía, no por mala, sino para que aprendiera, he entendido cuánto le ha costado sacarnos adelante y conquistar sus logros personales y profesionales.

Toda la vida me ha dicho: cuando seas mamá, me entenderás. Y estos dos meses han sido apenas la punta del iceberg para darme cuenta de cuánta razón tenía -y lo que me falta-, y me he dado cuenta de que no hay decisión que una mamá no tome, sin anteponer el amor y el bienestar de tu hijo.

Este 10 de mayo tuve la fortuna de celebrar con mi mamá y con mi hija, siendo hija y siendo madre, y es una de las mayores bendiciones que tengo en la vida, espero Dios me permita muchas fechas así, con ellas dos a mi lado, dos de las mujeres más importantes en mi vida.

Se siente bonito que te feliciten, que te digan que lo estás haciendo bien, que eres una gran mamá, el simple hecho de saberme mamá, me emociona y me llena de alegría, no les voy a negar que hasta se me salieron las lágrimas entre tanto abrazo y palabra bonita.

Sin duda, esta fecha fue diferente, todo cerrado y la ciudad vacía, pero no nos hizo falta nada: pudimos convivir con mis abuelitas, suegra y tías -porque todos hemos estado en cuarentena y solo nos vimos un rato- y compartir ese sentimiento tan poderoso que nos une: somos mujeres que hemos dado vida, somos mamás.

Quiero felicitar a todas las mamás que me leen, las que han dado vida, las que han elegido amar a sus hijos aunque no los hayan engendrado, a las que se entregan todos los días y aman como solo una madre puede hacerlo. No se puede entender la grandeza de ser mamá hasta que una lo es.

Y a quienes no son mamás, pero tienen o tuvieron una mamá increíble: aprovéchenla, ámenla, valórenla y cuídenla mucho, ya vendrán otros años en los que podremos besarnos, abrazarnos, salir a comer y divertirnos, el mejor regalo es tener a nuestras mamás/hijos con nosotros, aunque no sea 10 de mayo.

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