• AFP

Aún con desigualdad laboral


En Estados Unidos, el sueño por un trabajo digno y decente para todas las personas sigue vigente. Las primeras huelgas de gente trabajadora pugnaban por la reducción del horario de trabajo a 8 horas, mejores salarios y condiciones dignas de trabajo. A más de 100 años del inicio de estos movimientos, estas reivindicaciones siguen presentes, sobre todo en países como México y otros de América Latina, donde se viven grandes brechas de desigualdad. En el país, este movimiento de las clases trabajadoras también tuvo sus avances en la incorporación de los Derechos Sociales en la Constitución Mexicana de 1917, así como en la adopción del Artículo 123º, donde se establecen los derechos laborales. La lucha por mejores condiciones de trabajo está estrechamente vinculada a la lucha por los derechos humanos, es por ello que resulta urgente que las y los empleadores tomen acciones concretas para garantizar todos los derechos laborales y el derecho a la no discriminación de todas las personas. Acorde a lo establecido en la Ley Federal del Trabajo, un empleo digno o decente es aquel donde se respeta la dignidad humana y donde no se discrimina por origen étnico o nacional, género, edad, discapacidad, condición social, condiciones de salud, religión, condición migratoria, opiniones, preferencias sexuales o estado civil; también es un espacio donde se otorga acceso a seguridad social y un salario remunerador. Sin embargo, a pesar de los avances en materia legal, la garantía integral de este derecho no es la misma para todas las personas del país. En México, si bien hay una recuperación en el ámbito laboral a partir de las pérdidas relacionadas con la pandemia, existen todavía condiciones precarias de trabajo. El Observatorio de Trabajo Digno expone que 34.5 millones de personas ocupadas carecen de afiliación al seguro social (6 de cada 10 personas), y que 33 millones de las personas ocupadas no tienen el ingreso suficiente para cubrir el costo de dos canastas básicas. Estas condiciones afectan de manera desproporcionada a personas de grupos históricamente discriminados, como lo son las mujeres y las personas jóvenes, entre muchos otros. Este mismo reporte también visibiliza que el 28% de las personas ocupadas trabajan más de 48 horas a la semana, violando así el derecho laboral establecido en la ley, y poniendo en riesgo su salud física y mental. Adicional a lo anterior, en los espacios de trabajo prevalecen prácticas de discriminación y otras relacionadas con la violencia laboral. La Encuesta Nacional de Discriminación (ENADIS, 2017) expone que las personas encuestadas mencionaron el trabajo como uno de los espacios donde más fueron discriminadas; las personas pertenecientes a grupos históricamente discriminados también identifican que la falta de empleo y las malas condiciones laborales son problemáticas que les afectan de manera desproporcionada. Mujeres manifiestan recibir menor salario respecto a un hombre por el mismo trabajo; trabajadoras del hogar ejercen su trabajo sin prestaciones laborales; personas jóvenes son estigmatizadas por no tener acceso a un trabajo o a estudios, y personas con discapacidad enfrentan barreras de accesibilidad en todos los espacios, incluidos los servicios.

Adicionalmente las instituciones del Estado, en conjunto con toda la sociedad, deben generar estrategias más fuertes para garantizar que todas las personas tengan acceso a un trabajo con remuneración digna y sin discriminación, así como acciones que promuevan la redistribución de la riqueza; todo esto con la intención de disminuir las brechas de desigualdad y promover que la riqueza no se acumule en manos de unos cuantos. No se debe seguir normalizando una sociedad donde quienes están en situación de pobreza sean los que más trabajen y los que menos retribución tengan, donde sean quienes más son discriminados y vulnerados en los centros de trabajo, y donde unos cuantos (hombres en situaciones de mucho privilegio) se sigan enriqueciendo. El derecho a un trabajo decente y a la no discriminación es una exigencia urgente y necesaria que debe ser atendida de manera pronta, no sólo en fechas como el 1º de mayo. Es un trabajo diario.