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  • AFP

¿Algún día terminará la inseguridad?


La inseguridad en México es tan palpable y real y no se puede esconder, eso sí en cada país va variar los porcentajes de inseguridad.

La inseguridad pública indudablemente que ha sido, es y seguirá siendo uno de los más sensibles retos, pendientes, de los gobiernos federal y estatales. Obviamente esta inseguridad es por la delincuencia y aunque han “querido combatirla” se ha difícil por la mala aplicación. Primeramente porque existe diversos tipos de delincuencia; por lo que es errado aplicarles a todas el mismo tratamiento. En cada región se debería diferenciar por lo menos entre el crimen organizado -conformado por las mafias del narcotráfico, el secuestro, la trata de personas, el robo de automóviles y una delictualidad joven en ascenso conformada por delitos menores de adolescentes y jóvenes que después pueden ir escalando y convertirse en cada vez más graves.

Resulta así incomprensible que los políticos prometan cambios para dar mayores márgenes de seguridad a los ciudadanos y, al final de su encomienda, no sólo no han resuelto los entuertos, sino que la inseguridad pública es mayor. Les faltó combatir la pobreza, la miseria, la desigualdad.

Por esa razón los gobernantes son cuestionados, criticados y ridiculizados por los críticos.

La tarea de luchar contra el fenómeno de la violencia criminal no es nada fácil.

Hay millones de insatisfechos con la vida y con los demás; son jóvenes que no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela y, por tanto, no tienen ningún nivel educativo formal. Y quizá algo más grave: no tuvieron una familia integrada. O tuvieron que ir a vivir, dormir, amanecer en el alcantarillado.

El problema de la inseguridad ciudadana requiere soluciones multicausales, hay que modernizar, capacitar y recuperar a la policía, que es una institución decisiva para la prioritaria lucha contra el crimen organizado; fortalecer la justicia; reformar el pésimo sistema penitenciario; reducir la tenencia de armas cortas, pero al mismo tiempo, pasar del enfoque sólo policial del problema a uno más amplio que responda a su complejidad.

En lugar de dar a los jóvenes en riesgo más educación, más trabajo y más familia, la respuesta convencional es "más de lo mismo": represión, encarcelamiento y punición. Se está facilitando así la generación de una mano de obra cautiva para el crimen organizado. Mientras que la sociedad es indiferente a su destino, las mafias les ofrecen incentivos económicos inmediatos.

Así se va sumando más violencia en las calles, los tiroteos entre bandas, las masacres de ciudadanos que nada deben ni temen, los levantones, los secuestros, las ejecuciones o asesinatos, los robos a transeúntes, las agresiones a las mujeres, la violación sexual, los feminicidios y, si caen presos, las estafas, los fraudes, hechos que se convierten en cifras frías, pero producto de hechos muy calientes.


Al respecto, el INEGI dio a conocer la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, dando cifras preocupantes, muy preocupantes, como la relacionada con las percepciones de la gente frente a la inseguridad.

De acuerdo con la Encuesta, el 66.6% de la población de 18 años y más considera que vivir en su ciudad es inseguro.

Ojalá las cosas mejoren y no se queden solo en el intento de querer erradicar la delincuencia para sumarle a la seguridad ciudadana. El miedo a ser violentados siempre estará con nosotros mientras haya pobreza, miseria, desigualdad. No basta solamente en conocer los números de la inseguridad pública; sino pensar en cómo convertirla en concordia.

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