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Algo más que palabras

  • VÍCTOR CORCOBA
  • 23 feb
  • 3 Min. de lectura

REALIDAD Y DESAFÍOS DE LOS VÍNCULOS



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“No podemos seguir atados a nuestras miserias terrícolas, tenemos que fomentar la creatividad de las relaciones, ganar confianza en el poema que puedo engendrar, obviando penas y desilusiones”.

​El vínculo más patente es que todos cohabitamos en este planeta, bajo el mismo aire e idéntico techo, hasta que la muerte nos alcance el manchado cuerpo. En consecuencia, nuestra gran asignatura pendiente, radica en no romper los armónicos lazos que nos unen como humanidad; y, por ende, como familia. Hay cosas que no pueden entrar en el mundano mercado de la compra/venta, lo que requiere respeto y consideración de todos hacia sí y hacia los demás. Cada corazón tiene su propia métrica y su singular tañido para moverse. Precisamente, lo que nos hace humanos, es el modo y la manera de comunicarnos sin arrogancia, con la libertad de poder elegir visiones de desprendimiento y no de posesión, para proyectar la propia vida y cultivar lo mejor de uno mismo.

​La dominante fortuna no está en el señorío del endiosado poder de don dinero, sino en la hacienda donante, que es lo que verdaderamente nos pone alas y nos inspira decoro. Por ello, hay que salir de esta venenosa atmósfera excluyente e individualista, que nos atrofia nuestra mística inspiración, que no es otra que la del buen hacer y mejor obrar. El descalabro moral y humano que sufrimos en esta época los vivientes, debe hacernos repensar en el mundo de los valores y de las valías, que podemos y debemos aportar. Es cierto que no tiene sentido permanecer en una denuncia retórica de los males actuales y de las maldades vertidas, como si con ello pudiéramos cambiar algo. Tampoco sirve pretender imponer normas por la fuerza de la autoridad, la cuestión radica en hacer autocrítica.

​No podemos seguir atados a nuestras miserias terrícolas, tenemos que fomentar la creatividad de las relaciones, ganar confianza en el poema que puedo engendrar, obviando penas y desilusiones. Renacer es lo nuestro cada día, sosteniendo un proyecto común y conservando el afecto de los parentescos. Lo prioritario radica en profundizar, en penetrar más allá de nosotros mismos, de nuestros propios deseos y necesidades egoístas, sabiendo que todos nos requerimos para sostenernos como humanidad y poder sustentar la conjunción de pulsos vivientes. Por consiguiente, hemos de practicar el respeto hacia toda diversidad, activando proximidades y moviendo mesas de diálogo, ya no solo para alcanzar la justicia social, también para hermanarnos como linaje pensante.

​Por desgracia, el trueno de la violencia se oye por todo el planeta. ¿Dónde están las gentes y sus familias, las personas de concordia y los ciudadanos de bien? Una familia y un hogar son dos cuestiones que se reclaman continuamente. Haciendo genealogía es como se avanza y florece un contexto sistémico. No olvidemos que la barbarie intrafamiliar es escuela de animadversión y rencor en las correspondencias humanas básicas. Por ello, debilitar los vínculos naturales es como destruirnos; pues la pujanza de la parentela reside esencialmente en su capacidad de amar y de enseñar a cultivar el amor de amar amor, para comprender plenamente su mística; hasta el extremo de que la humanidad es una articulación indivisible, de la que nadie podemos (ni debemos) desligarnos.

​En efecto, lo trascendente no está tanto en mantenerse vivo, como en sentirse en comunión con sus semejantes. Quizás  tengamos que aprender a reprendernos, a estar en guardia y en actitud de servicio, sin reclamar pagos, ni tampoco pedestales, por el solo gusto de legar y de ofrecer. Un depurado pulsar es lo que se requiere para ello. Entremos en sanación, pues. Mientras el auténtico amor nos hace renacer y salir al encuentro de los otros, la envidia nos lleva a centrarnos en uno nada más. Así, el árbol de la vida tampoco se embellece, sino que se deforma por completo y deja de alegrarse con lo que le rodea. Tenemos que volver al camino existencial de todo en común y de todo para todos; si, en verdad, queremos transformarnos y transformar el mundo.

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