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Balance político electoral de 2021

Miguel Tirado Rasso


mitirasso@yahoo.com.mx


Continuamos con el balance político electoral de 2021. En la elección más grande de la historia, los partidos optaron por participar en alianzas formando dos grandes bloques. Por un lado, Morena y sus aliados el PVEM y el PT, repitieron su alianza Junto Haremos Historia, aunque no con el mismo éxito de tres años atrás. En el otro extremo, el PAN, el PRI y el PRD formaron la coalición Va por México, que mereció severas críticas de parte del partido del gobierno, que la llegó a calificar de “alianza vergonzosa”. Pero la alianza funcionó y les sirvió, más algunos que a otros, para mantenerse en la pelea.

Movimiento Ciudadano decidió participar solo y los tres partidos debutantes, Encuentro Solidario, Fuerza por México y Redes Sociales Progresistas, por ley tuvieron que hacerlo también solos, aunque no perdieron oportunidad de mostrar su identificación con Morena que nada pudo hacer para salvarlos de su desastre electoral.

En un ambiente complicado por la polarización del discurso oficial, ataques y críticas a la autoridad electoral por parte de Morena y sus aliados, acusándola de actuar con parcialidad en favor del “PRIAN”, y los riesgos que significaba la presencia de una pandemia que no se veía ceder y que obligaba a tomar medidas preventivas, para evitar contagios, la jornada electoral se desarrolló con una alta participación ciudadana. Sin embargo, habría que señalar que la violencia hizo también presencia durante el proceso electoral.

En un informe publicado por la empresa Etellekt Consultores (Cuarto Informe de Violencia Política en México 21), se destacaba que, entre septiembre 2020 y abril de 2021, 282 aspirantes y candidatos habían sido agredidos. 17, habían renunciado ante las amenazas recibidas y 31 habían perdido la vida, en atentados mortales. La violencia se había ensañado en contra de los candidatos de oposición. De los militantes fallecidos, casi el doble pertenecía a la Alianza va por México sobre los de la alianza de Morena y socios. Algunos reportajes señalaron que, durante la jornada electoral, en ciertos estados, el crimen organizado había intervenido abiertamente en apoyo de los candidatos de la alianza Juntos Haremos Historia. Ante las amenazas existentes, no hubo denuncias formales, por lo que tampoco se abrieron carpetas de investigación.

La joya de la corona en esos comicios fue la renovación de la Cámara de Diputados federal, al estar en juego la conformación de fuerzas en la Cámara Baja. Para Morena el objetivo era conservar, junto con sus aliados, la mayoría calificada que durante tres años le había permitido legislar al viejo estilo del carro completo, aplastando a las oposiciones e imponiendo su mayoría sin necesidad de debatir ni negociar la aprobación de las iniciativas de Palacio. Para la oposición, por su parte, el reto era lograr una votación que les permitiera dejar de ser convidados de piedra en el Congreso y poder obligar al debate y la discusión de los proyectos de ley y tener una Cámara de Diputados más equilibrada. Morena no logró su propósito y perdió, junto con sus aliados, la mayoría a la calificada, aunque conservó la absoluta. La oposición, por su parte, sólo logró algo de su objetivo.

Algo que provocó molestia y reclamos de parte del partido en el poder, fue el tema de la sobrerrepresentación que Morena había aprovechado en la Legislatura anterior, conseguida a través de maniobras más allá de la ley. En esta ocasión el INE fue escrupuloso para evitar que algo prohibido por la ley, volviera a ocurrir, lo que, muy a su pesar, Morena tuvo que acatar.

Hasta aquí este balance político electoral del año 2021. Habría que agregar, sin embargo, una mención al banderazo de arranque del juego de la sucesión presidencial que dio el propio Primer Mandatario. El residente de Palacio Nacional, por razones que quedan en el misterio, decidió, a mediados del año pasado, que era momento de hablar de la sucesión presidencial y destapó, primero a dos candidatos, y luego a otros cuatro, cuando faltan todavía poco más de dos años para los tiempos electorales de 2024. Las corcholatas, como él las denominó, al menos dos, han ido tomando muy en serio su papel de aspirantes, lo que, inevitablemente, interfiere en el desempeño de sus funciones, no necesariamente para bien, pues estará siempre en su mente su proyecto futuro, sobre el cumplimiento de sus responsabilidades oficiales. A ver como resulta esta estrategia.

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