• AFP

Bien por México; mal por México


Una de las cosas que se le reconoce al gobierno de Andrés Manuel López Obrador es las acciones para prevenir y menguar los contagios por el Covid-19.

México rebasará las 70 millones de dosis de vacunas recibidas contra el Covid-19, también es el país que tiene más tipos de vacunas autorizados, por lo que nuestro país se coloca entre las 10 naciones que más fármacos ha tenido para combatir la pandemia. Esto nos coloca como un país que tiene un gobierno preocupado por el pueblo pero, siempre existe el pero. Nuestro presidente no se debe olvidar que México es el país de paso de los migrantes, incluso hay un porcentaje que no sigue el sueño americano y se quedan en México. Chiapas es el estado con más presencia de migrantes guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y ahora existe una oleada de afroamericanos. A lo que quiero llegar es que nuestra autoridad mexicana se les esta olvidando blindar la salud del pueblo mexicano a través de la vacunación anti COVID a los migrantes que pasan por México.

Pero ¿Por qué México y en especial Chiapas, tendría que interesarse en vacunar también a los migrantes? Debemos partir que Chiapas, es uno de los estados con mayor rezago en la vacunación, con únicamente un 19% de su población inmunizada. Este rezago se debe en parte, en la aceptación de la inmunización, por la desinformación que causó temor respecto a la utilidad, efectividad y los efectos de la vacuna y que ha incidido en la renuencia de una parte de los chiapanecos para aplicársela. Se ha demostrado que el distanciamiento físico (no social) por sí sólo, no es suficiente para evitar los contagios y es necesario que la mayoría de la población tenga completo su esquema de vacunación anti SARS-COV-2 para evitar complicaciones, saturación de servicios de hospitales y la muerte de personas. Pero lamentablemente como chiapanecos hemos sido noticia nacional al negar la vacunación, no todos pero existen varios municipios que no aceptaron la vacuna, que lamentable, bueno ese no es el punto.

Los países centroamericanos y en especial Guatemala, con quien comparte la mayor parte de la frontera en el sur y de donde provienen grandes flujos migratorios, han tenido un acceso limitado a los procesos de inmunización. Para Julio de este año, este país había alcanzado únicamente un 5% de la población vacunada, pero con menos del 2% con el esquema completo, según datos de la organización Our World in Data.


Si a eso le agregamos que, tampoco los países centroamericanos están vacunando migrantes con situación irregular y que los casos de Covid-19 van en aumento en el país vecino, aunado con que el flujo migratorio desde el sur es constante, se visualiza una vulnerabilidad epidemiológica para Chiapas, si este no toma en cuenta que su posición en el corredor migratorio sur-norte es un determinante importante para la planificación sanitaria y sobre todo, porque el derecho a la salud es un mandato constitucional, sin importar el estatus migratorio de quien se encuentre en territorio. Esta pandemia ha vuelto a dejar claro que la salud es una cuestión colectiva y no individual y esa colectividad no termina en nuestra línea fronteriza. La población migrante irregular se ha sumado a los pobres, excluidos y desprotegidos del mundo en la avasalladora categoría de ser quienes más tardíamente recibirían la vacuna.

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