• AFP

¿Cómo va la 4ta transformación?


Como sabemos nuestro Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, busco insistentemente ser el presidente de México, hasta que, lo logro y en lo que va de su mandato a dado de que hablar pero también se le reconoce aciertos a favor del pueblo. Aunque la verdad es que como nadie se lo imaginaba, le tocó en plena pandemia que prácticamente en dos ocasiones ya ha sido contagiado por el virus del Covid-19. Pero al final le ha tocado la peor parte, no me imagino las anteriores administraciones, de lo que ya hubieran hecho con México. Sin duda alguna, el 2022 será un año en el que subsistan los problemas que los ciudadanos atestiguamos y padecimos durante el año pasado, que se caracterizó por los estragos causados por la pandemia de Covid-19, la rampante inseguridad, los menoscabos económicos en el plano nacional y en los bolsillos de las personas, las perennes pugnas entre los miembros de la clase política, así como la ausencia de propuestas para buscar solución a los temas urgentes en nuestra vida cotidiana. Y este estado de las cosas se verá aún más acentuado en este año por efecto de la efervescencia y la confrontación que suscitarán los debates de las tres grandes reformas constitucionales propuestas por el presidente, cuyo objetivo es consolidar su aspirada “Cuarta Transformación”. Estas acicatearán la lucha política por la sucesión presidencial anticipada y las elecciones estatales del presente año, mismas que habrán de ser las determinantes del contexto nacional, del crecimiento económico y de la postura que asuma la sociedad en general en los próximos años. La Reforma Eléctrica habrá de definir si sale avante el nacionalismo estatista que impulsa la Administración del presidente López Obrador, pues es muy probable que con ello se instituya constitucionalmente al Estado como agente preponderante del desarrollo en sustitución del mercado. De aprobarse, el gobierno estará en condiciones de controlar el proceso de generación y distribución de energía eléctrica para el movimiento de toda la economía nacional, con las consecuencias previsibles del deterioro tecnológico, la incertidumbre energética para empresas y consumidores, así como los muy severos límites a la transición hacia las energías limpias. Ello podrá ser la puerta de un seguro conflicto con las inversiones externas e internas en el sector energético, principalmente uno que surja con los socios de México en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La otra gran reforma es la electoral, que habrá de definir el rumbo de la democracia mexicana, pues, de estar en sintonía con la “marca” que el gobierno le estaría imprimiendo, su evolución perfilaría una democracia popular participativa, en la que el gran riesgo estribaría en que toda clase de elecciones podrían ser controladas por el gobierno. Sería un cambio de gran calado que, con seguridad, acarrearía un grave conflicto del gobierno con los partidos políticos y la sociedad civil. El otro gran cambio que, desde su planteamiento, ha causado una gran polémica, es la Reforma de la Guardia Nacional, que se anticipa definirá si la militarización termina por consolidarse, anulando el carácter civil de la República y otorgando a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) todo el control de la Seguridad Pública, la Seguridad Interior y la Seguridad Nacional. Para mencionarlo con claridad, constitucionalmente los militares estarían facultados para controlar todo el orden público de la Nación y no la autoridad civil, anulando de facto el concepto republicano del mando civil en una república democrática.

Todo apunta a que el gobierno mexicano mantendrá la dinámica de la gestión migratoria con el control militar o policial y, con ello, la persistente violación de los derechos humanos de las personas en movilidad, para quienes México se ha convertido en un muro de contención física y a sus aspiraciones de llegar a Estados Unidos en búsqueda de refugio. No se perfilan cambios políticos reales de la política migratoria, ni políticas de aceptación e integración humanitaria de los migrantes. Ante la ruta que el actual gobierno ha impuesto al país, es la hora de la sociedad civil pues importa retomar el crecimiento nacional con políticas que sustenten el desarrollo democrático institucional, las libertades ciudadanas y el combate efectivo a la pobreza y la desigualdad, sin la militarización del orden público.

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