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Como consumidores casi siempre nos engañan


Empieza la cuaresma: la temporada del año en la que comemos más pescados y mariscos que en cualquier otra época. A donde vayamos, la oferta de productos del mar crece. Restaurantes con pescado zarandeado, tacos de pescado, coctel de camarones o un aguachile en el menú. Las pescaderías también ofrecen una amplia selección de productos del mar. Sin embargo, muchas veces nos venden una especie de pescado completamente distinta a la que se anuncia. Es decir: nos dan basa en lugar de huachinango, tiburón en vez de bacalao, rubia en vez de mero, nos dan gato por liebre. Hay engaño en la comida del mar, para entender mejor cómo funciona este fenómeno. En promedio, nos engañan el 39% de las ocasiones en que compramos pescado. Esto significa que más de 1 de cada 3 veces que compramos pescado, nos venden una especie completamente distinta a la que está anunciada. A pesar de que esta práctica puede parecer inofensiva, este tipo de engaño afecta a quienes consumimos productos del mar, afecta la salud de nuestros mares, y la protección de especies vulnerables y a las personas que se dedican a la pesca y realizan su trabajo con apego a las normas de manejo pesquero y conservación del mar. Nos afecta como consumidores, ya que en muchas ocasiones pagamos altos precios por especies de muy bajo valor comercial. El engaño también afecta la salud de nuestros mares y los esfuerzos de conservación de especies que se encuentran en peligro. Esta sustitución amenaza la salud de los mares, ya que estas especies de tiburón se encuentran en peligro, además de que son esenciales para mantener el equilibrio de los ecosistemas marinos. Este engaño afecta los esfuerzos de conservación y manejo de especies de importancia pesquera, amenazando su sustentabilidad, ya que no sabemos realmente qué volumen se está capturando de cada especie. La sustitución de especies también afecta a las personas que se dedican a la pesca con apego a la regulación, que obedecen una serie de normas y requisitos para poder aprovechar la enorme riqueza de especies pesqueras y así llevar pesca de origen legal y responsable a nuestras mesas. La sustitución de especies permite la comercialización de la pesca ilegal, ya que no existen los mecanismos adecuados que impidan que ingrese a los mercados y sea comercializada junto con la pesca legal. Al no conocer la especie que realmente estamos consumiendo, no sabemos si ésta fue capturada de manera legal, lo que coloca a quienes pescan con apego a las regulaciones en un plano de competencia desigual, debido a que las personas que pescan de manera ilegal tienen menos costos para poder obtener las especies que capturan, extraen más de la cuota permitida e incluso pescan en zonas donde esta actividad está prohibida. De igual forma al consumir especies importadas, como la basa, bajo nombres de especies silvestres nacionales, se están ocupando espacios en los mercados nacionales que podrían ser para especies capturadas en las costas de México, a través del engaño. ¿Por qué consumimos especies de menor calidad que se importan? Estos productos abaratan el precio del pescado nacional, porque se producen por volumen. No pueden ofrecer precios tan bajos, porque capturar el producto cuesta más. Debemos promocionar los productos de pesca productos nacional, para que la gente conozca la gran variedad que existe. Hay pescado muy bueno, a precios accesibles y con muy buena calidad nutricional. Si se integran como sector y ofrecen la gran variedad de especies se puede cubrir la demanda y entrar de manera competitiva a los mercados”. Todos esto es posible porque actualmente en México no tenemos herramientas para conocer con certeza el pescado que estamos consumiendo. La solución estaría en la aprobación de una norma de trazabilidad de pescados y mariscos que permita conocer el camino que recorre nuestro pescado del barco al plato. De contar con esta herramienta podríamos saber qué camino recorrió el pescado para llegar a nuestros platos, tendríamos la certeza de que nos estamos comiendo la especie que nos vendieron y que el producto fue pescado de manera legal, obedeciendo las normas aplicables.

El proceso de aprobación de esta norma se encuentra detenido en la mesa de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (CONAPESCA) desde marzo de 2021. Debemos exigir que sea aprobada para que así quienes consumimos productos del mar tengamos las herramientas necesarias para exigir el cuidado de nuestros mares, el respeto a nuestros derechos como consumidores y podamos optar por productos provenientes de la pesca nacional capturados de manera responsable. Esperamos que la próxima temporada de cuaresma esté libre de engaño y llena de trazabilidad.

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