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Dan seguridad y ellos ¿quién les da seguridad?


Lamentable que la inseguridad en México siga creciendo, que sencillamente no vivamos en un país de paz, y peor aun que quienes están para cuidar el bienestar del pueblo no tenga la capacidad o los recursos para hacerlo. Las corporaciones policiales son una parte esencial del Estado y son por excelencia las instituciones de seguridad con las que cuenta el país, sin contar a las Fuerzas Armadas. Sin embargo, históricamente han vivido una situación de abandono y precarización permanente, lo cual ha permeado en su desempeño y en la percepción que tienen los ciudadanos sobre ellas. En la encuesta ¿Qué piensa la policía? De 2019 y en el Índice de Desarrollo Policial 2018 (INDEPOL), fue posible identificar algunos de los principales problemas, deficiencias e insuficiencias que enfrentan las corporaciones: Para empezar, salario indigno; Desde 2019 la desigualdad salarial en la que trabajan los policías del país. Por ejemplo, de acuerdo a esta encuesta, un policía de Oaxaca percibía en promedio 7,500 pesos al mes, en uno de los estados con mayores niveles de violencia y confrontación social. Por otro lado, un policía en Baja California, percibía en promedio 18 mil pesos por el mismo trabajo. En 2021, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) elaboraron un documento con una propuesta de incremento salarial a las y los policías a 13,600 pesos promedio. Este aumento tendría un impacto económico de 5 mil millones de pesos al año, es decir, solo un 10% del aumento presupuestal de 50 mil millones anunciado el año pasado para la Guardia Nacional. Si se aumentara el salario al doble, es decir, a más de 26 mil pesos por policía, la inversión no alcanzaría ni el 25% de ese presupuesto. Otra cosa, el equipamiento y condiciones para realizar sus funciones. Es algo común que las y los policías pongan de su dinero para pagar parte del material que requieren para su trabajo: por ejemplo, 51% de los policías consultados dijo haber puesto de su dinero para comprar botas o calzado especial; el 42% haber pagado de su dinero sus propios uniformes; el 25% asumieron el pago de la compostura de sus patrullas o invirtieron de su propio dinero para los cartuchos que requieren sus armas; y un 12% mencionó haber comprado su propio chaleco antibalas. Además, el 29% dijeron tener jornadas laborales de 24 por 24, que sin duda representa una jornada extenuante, agotadora y de enorme riesgo para la salud de las y los policías. 3.- Presuntos actos de corrupción y abuso de poder de mandos medios y superiores. Las y los policías reportaron que sus mandos les piden determinadas cuotas, por ejemplo, para tener una patrulla, para evitar castigos o suspensiones, o para obtener un ascenso. En este sentido, un dato muy relevante es que el 69% de las y los policías encuestados dijeron no haber recibido nunca un ascenso, y el 65% dijeron no haber recibido nunca un estímulo por su trabajo. Siguiente, ¿En los presupuestos? Las transferencias federales destinadas a la seguridad pública de las entidades federativas y municipios mantendrá la tendencia de reducciones registradas desde hace un par de años. Ejemplo de ello es el Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública, mejor conocido como FASP, que se encuentra estancado.

Este fondo nutría de recursos a los cuerpos de seguridad a nivel estatal. Por otro lado, El Fortaseg, otro fondo para el fortalecimiento en materia de seguridad pública simplemente desapareció. En detrimento, las Fuerzas Armadas manejan, en conjunto, un presupuesto superior a los 230 mil millones de pesos, muy cercano al presupuesto de uno de los programas insignia de esta administración, como lo son las pensiones a las personas adultas mayores. Y para terminar Percepción de la ciudadanía. El debilitamiento de las corporaciones policiales y el aumento exponencial del presupuesto y el apoyo político a las Fuerzas Armadas se explica debido a la altísima aprobación social que tienen el Ejército y la Marina en tareas de seguridad, y la poca confianza que tiene la población en las policías civiles. Es importante señalar que no es posible ni justo comparar la percepción de las Fuerzas Armadas respecto a la de las policías, cuando reciben apoyos tan desiguales.