• ALEJANDRA OROZCO

De Venezuela hasta Chiapas, enseñando a pintar

Tuxtla.- Hendy Castellanos es venezolana, lleva seis años viviendo en Chiapas, es docente y psicóloga infantil, pero su vida cambió y ahora se ocupa de un taller de pintura, Artetaller, donde atiende desde niños hasta adultos mayores, lo que le ha dejado muchas satisfacciones.



“Yo trabajaba en una escuela privada en Venezuela y vine a su filial en Chiapas, estuve un año trabajando ahí y decidí cambiar, me gusta la docencia pero es diferente, no logré acomodarme como quise y me dediqué a otras actividades”, señaló.


Cuando llegó a Chiapas, le encantaron todas las actividades culturales que encontró: los tejidos, las artesanías, al venir de una ciudad industrial de concreto, con una ley que establece que donde se realizan edificaciones tienes que crear áreas verdes porque son escasas, una vida muy rápida, fue un gran cambio, si bien en Valencia la parte cultural está más pulida, pues la gente acostumbra ir al teatro sin importar su estatus, leen libros, todas las actividades tienen su público, aunque las expos no son tan comunes.



“Sí existen y son parte del día a día, están normalizadas, vas a un parque el domingo y hay una orquesta sinfónica, aquí hay mucho que ver y mucha cultura, pero no le dan tanta importancia y se ha ido esfumando con las nuevas generaciones, los hijos de ciertas etnias ya no quieren hablar la lengua porque quieren hacer otras cosas y eso hace que se pierda el idioma”, reconoció.


Cuando vino a Chiapas tenía 37 años, era docente, tenía su cubículo además de un trabajo por las tardes de atención especializada, pensó que iba a tener la misma dinámica, y aunque tenía una vida tranquila y establecida, la economía cambió y decidió mudarse, Chiapas era la opción e hizo el cambio, que es más fácil decirlo que hacerlo.

“La calidez de la gente es lo más lindo de Venezuela, la música, la comida, es lo que te distingue como venezolano, sin embargo cuando yo llegué había muchas diferencias, vengo de una ciudad que crece hacia arriba, con edificios de 30 pisos, Tuxtla es más plano, la vida en Valencia era más agitada, la dinámica, acá todo era más calmado, la gente te dice buenos días, permiso, y estos colores, porque allá tenemos casas neutras, en todo México se atreven más con el color”, observó.


Por ejemplo, la Fiesta Grande se le hace algo hermoso, los bailes, la marimba, los parachicos, las chiapanecas, no extraña la ciudad de concreto sino la familia, los afectos, pero le gusta más este calorcito, le encanta Día de Muertos porque ya entendió el simbolismo del altar, en años anteriores ha ido a Villaflores donde visitan el panteón de madrugada, la gente está de fiesta y eso es muy extraño, una fiesta colorida, son tradiciones muy vistosas que antes veía en documentales y ahora puede vivir de cerca.


“Antes de la cuarentena, yo realizaba radio y promoción cultural en algunos proyectos, a raíz de la cuarentena me tuve que reinventar porque el encierro se iba prolongando, no me podía quedar sin hacer nada, previo yo había hecho actividades altruistas de ir a colonias a dar talleres de pintura, nos colocábamos en un parquecito a dar clases los sábados, todo niño que llegaba recibía las clases gratis con la condición de que fueran constantes y las mamás eran muy cálidas, así estuve en cuatro colonias por cinco meses y de ahí salió algo muy bonito”, explicó.


En total, llegó a trabajar con 84 niños y realizaron una expo con 20 de ellos, en los cuales veía mucho potencial, sin embargo lo dejó para después y se ocupó de dar estas clases, en pandemia empezó a hacerlo con el objetivo de darle clases a los que no sabían, para ir generando más interés, luego de los niños se inscribía la mamá o la abuelita y al final ese era el objetivo.



“Por mi carrera me interesa cómo se siente la gente, una vecina tuvo una parálisis facial y el doctor le recomendó hacer actividades para relajarse, le empecé a dar clares y logramos el objetivo, luego inscribí a su hijo, te das cuenta de que puedes lograr un cambio, también tenía una alumna de cuatro años que pintaba muy bonito, entendía instrucciones, y dándole continuidad podíamos lograr algo bueno, eso cambió la dinámica familiar y la mamá se involucraba más con su hija, esa parte emocional, de conexión es lo que me mueve más”, comentó.


Actualmente tiene 17 alumnos, que es complicado manejar, tiene una alumna que llega a clases junto con la abuela, algunos estudiantes nunca faltan, otros pagan y no van, la dinámica va cambiando dependiendo de la valoración que le dan a estas actividades, esto se relaciona con el interés que las personas tienen hacia estas actividades, que nada tienen que ver con un estilo de vida pudiente, pues el arte y la cultura son para todo el mundo, por eso piensa que hay que hacer énfasis para que la gente sepa que estas clases son abiertas a cualquier edad.


Artetaller se ubica en la novena sur y quinta oriente, reciben niños a partir de los ocho años hasta adultos mayores, incluso tiene una alumna de 61 años, pero se enfoca en principiantes para que se involucren, además cuenta con precios accesibles y grupos pequeños de no más de cinco alumnos diario, primero por pandemia y luego por atención, que se pueden comunicar al 9612022270 o buscarlos en redes sociales como Artetaller para más información.


“Para octubre tenía planeada una expo pero la voy a posponer, por horarios estamos de lunes a jueves y sábados, con horarios flexibles, la expo quizá sea para enero o febrero, para que la gente conozca lo que han logrado, algunos alumnos participaron en una expo con causa, queremos ir involucrando a los chicos”, finalizó.