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  • AFP

Desempleo, una cicatriz de la pandemia


Las marcas que ha dejado la pandemia de Covid-19 no será fácil borrarlas, obviamente lo que cada país quiere es regresar a la normalidad, al menos para ir sanando cada una de esas heridas. Como en todo el mundo el desempleo fue golpe fuerte, la tasa de desempleo en México se situó en un 4,4% de la población económicamente activa (PEA) en febrero de 2021, una cifra superior al 3,6% del mismo mes en 2020, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). En términos absolutos, la población desocupada fue de 2.4 millones de personas, 361.000 personas más que en febrero de 2020. Las cifras del comportamiento del empleo, reportadas por el INEGI dan esperanzas de que, en algún momento, podremos mirar una luz, al final del túnel en el que estamos confinados, andando quién sabe a dónde, sin rumbo ni destino, padeciendo el deterioro cotidiano de nuestros ya de por sí raquíticos niveles de vida. De los 12 millones de personas expulsadas de la PEA en abril de 2020, por la fuerza devastadora de la pandemia, se han recuperado alrededor de 10.6 millones para marzo de 2021, un número muy alentador. De alguna manera, estos trabajadores ya son tomados en cuenta y en innumerables casos están ya en actividad con algunos ingresos para satisfacer las necesidades más apremiantes de ellos y su familia. a ocupación en el sector informal de la economía ascendió a 30 millones 600 mil personas (Hablamos de marzo), mientras que la tasa de informalidad, o sea los trabajadores que están empleados fuera de los controles del SAT y del IMSS, se situó en 56.8%, porcentaje que representó un descenso de 1.1% frente a marzo de 2020. Habría que ver dónde quedó, dónde se ocultó, este 1.1%. La tasa de desempleo general de México subió a 3.9% en marzo, un punto porcentual más que en el mismo mes del año pasado. El futuro, si no es optimistamente promisorio, es realista. La economía mexicana invariablemente tiene que ser jalada, para bien o para mal, por el poderoso motor de la primera economía del mundo, la de Estados Unidos, para el cual México es el primer socio comercial en el mundo. Por tanto, esta vez la de México será arrastrada en sentido positivo porque seguirá incrementándose el ímpetu consumista de productos agroalimentarios y algunas manufacturas muy importantes, como los vehículos automotores, en cuya construcción se ha especializado México. La verdad es que, a corto y mediano plazo, a los mexicanos les irá mejor que a cualquier otro conglomerado humano del mundo y particularmente de América.

La economía estadounidense se prepara ya para repuntar en muchas de sus áreas, pues unos 300 millones de personas, muy fatigadas por la acción traumatizante de la covid-19, sólo esperan la voz de alerta para emprender nuevamente las actividades productivas. Requieren comer, vestirse, cuidar su salud, pagar los servicios domésticos, entre el resto de los satisfactores de una vida humana digna ellos y su familia. Y así como en sentido negativo si a Estados Unidos le da un catarrito, a México le da una neumonía, así en lo bueno también: si Estados Unidos crece económicamente, será innegable que ese crecimiento le hará mucho bien a la economía del principal socio de los Estados Unidos.

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