• MARIO AQUINO

El corazón: La esencia o fuerza de vida

Tuxtla.- Cuando hablamos del corazón, podemos referirnos en varios aspectos hacia esta entraña de gran vitalidad, ya sea desde un concepto médico o una percepción más “espiritual”. Durante el paso del tiempo, se llegó a considerar al corazón y la sangre como una morada de divinidades y sentimientos, esto principalmente se atribuye hacia las culturas prehispánicas, para la mayoría de los pueblos significaba el centro del impulso vital y era el nexo de una complicada cosmovisión.


Como lo menciona Carlos Barrera: “El conocimiento anatómico que poseían del corazón, resulta evidente en muchos casos ante la practica de sacrificios humanos, donde la ofrenda eran precisamente este órgano y la sangre, los cuales ofrecían a sus deidades; logrando mantener inalterable el curso de los astros a travez del universo”. La palabra en náhuatl “Yóllotl” significa el corazón, la esencia o la fuerza de vida, y a travez de la lengua derivan varios significados que aluden diversos términos, poseyendo una gran variedad, algunos ejemplos son: “Yoliuhyaliztli”: camino o salida del corazón, “Yollocáyotl”: Plenitud del corazón.



En la literatura náhuatl también tiene un significado, en el escrito que lleva por nombre Cantares mexicanos, aparece un poema el cual habla sobre la recolecta de las más bellas flores y la primera palabra que expresa es: “ninoyalnonotza”, significando “hablo y hablo con mi corazón”, pero ¿A que se refiere? Se creía que cuando alguien reflexionaba consigo mismo en realidad conversaba con su corazón, idealizando que era la casa del dador de la vida, ya que gracias a él se iluminaba su interior. Es por ello que cuando el sacerdote extraía el corazón en una liturgia, se permitía salir lo divino, la máxima fuerza sagrada, esto expresaba el deseo del hombre para elevarse a el mismo del plano terrenal y poder alcanzar a los dioses; la perspectiva que el “Yóllotl” representaba sobre la sensibilidad y pensamiento, se demuestra en un cantar: “¿Qué era lo que acaso tu mente hallaba? ¡Dónde andaba tu corazón? Por eso das tu corazón a cada cosa sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón. Sobre la tierra ¿A caso puedes ir en pos de algo?”.


Se menciona la importancia dentro de la ceremonia de muerte, cuando un ser humano era el rito cúspide en cualquier acto importante; lo esencial era liberar la energía necesaria para conservar la armonía del cosmos, aunque cabe recalcar que no toda la sangre era considerada divina, pues la forma correcta de llevar acabo el ritual, era de la siguiente manera, en primera instancia colocar a la víctima sobre la piedra de sacrificios o “téchcatl”, esto para que el tórax quedara tenso, de ahí cuatro personas detenían sus extremidades, el quinto le colocaba una argolla de madera en el cuello, posteriormente el sacerdote empujaba un “técpaltl” o cuchillo de obsidiana con ambas manos y de un solo golpe, introduciendo las manos, le arrancaba el corazón con gran fuerza y lo ofrendaba a los dioses como se representa en el códice florentino.


Hoy en día podemos pensar que algunos de los conceptos que utilizamos como “hablemos con el corazón” representan al mundo moderno y definiciones vagas sin ningún significado. Cuando hablas desde tu interior trasmites una energía de confianza, como lo dice la siguiente oración: “te pido perdón desde lo más profundo de mi corazón”, dando a entender que alguien esta arrepentido, es por ello que reflexionemos ante nuestros actos, no juguemos con los sentimiento, ni salgamos del corazón de las personas, valoremos a quien nos tenga presente en en alma, pidamos disculpas ante nuestros errores; como menciona Nezahualcóyotl es su poema “Un recuerdo dejo”: ¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?.