• AFP

El Estado ha pretendido enfrentar con lo ordinario


No se trata de la particularidad de un país u otro. Las instituciones de cualquier país están diseñadas para enfrentar, de mejor o peor manera, sus obligaciones ordinarias. Cuando se enfrentan a situaciones extraordinarias, evidentemente se ven rebasadas y para enfrentar estos fenómenos se requiere de mecanismos extraordinarios. El ejemplo con el que se podría comprender de mejor manera es la respuesta que se dio a nivel global ante la pandemia de Covid-19. Ningún sistema de salud en el mundo está diseñado para enfrentar una pandemia: masividad de contagios, hospitalizaciones, requerimientos especiales para personas en condición crítica y la cantidad de vacunaciones que se realizaron. El sistema ordinario de salud se vio colapsado en todo el mundo, incluso las capacidades de inhumación se vieron rebasadas. Ante la enorme cantidad de casos que se presentaron en un periodo corto de tiempo, los sistemas de salud tuvieron que implementar mecanismos extraordinarios para atender una situación extraordinaria. Hubiera sido imposible enfrentarlo con las capacidades ordinarias, en México o cualquier parte del mundo. Hospitales enteros fueron reconvertidos para atender exclusivamente pacientes con Covid; se instalaron instalaciones hospitalarias temporales para atender la enorme cantidad de casos en centros de convenciones, grandes estacionamientos o plazas; se tuvo que diseñar un enorme y complejo mecanismo extraordinario para vacunar a millones de personas en corto tiempo en instalaciones muy diversas; grandes campañas de información fueron desplegadas; las investigaciones para comprender al virus y encontrar vacunas o tratamientos tuvieron que ser aceleradas, recibir enormes cantidades de recursos humanos, técnicos y financieros; de manera extraordinaria se tuvieron que producir ventiladores, oxímetros, pruebas de laboratorio, vacunas, gel desinfectante y cubrebocas; se generaron nuevas plazas para personal médico y de enfermería; diversas medidas extraordinarias se tomaron en todos los sectores de la vida social, económica, educativa, cultural, etc. Una vez superado lo extraordinario, quienes respondieron de manera responsable decidieron fortalecer sus sistemas ordinarios de salud. Se respondió, en unos casos bien y en otros no, con complejos mecanismos extraordinarios para atender lo extraordinario. Parece evidente y de sentido común que lo ordinario sería absolutamente insuficiente. ¿Por qué no se comprende ni se asume que ante otros fenómenos extraordinarios es irresponsable y criminal seguir atendiéndolos con lo ordinario?. Si cualquier país hubiera decidido enfrentar la pandemia solo con el sistema ordinario la cantidad de muertes hubiera sido mucho mayor y el proceso de vacunación un caos y demasiado lento. El resultado sería el mismo si solo se hubiera creado un puñado de mecanismos extraordinarios de salud para casos concretos en algunos lugares o por un tiempo corto. Sería a todas luces un error. Un error, repito, con responsabilidades criminales para quienes tomaran esas decisiones. Exactamente esto último es lo que ha decidido hacer el Estado mexicano por tres sexenios ante las violencias extraordinarias que han desbordado las capacidades ordinarias, de por sí frágiles y cooptadas por intereses políticos-criminales-económicos, del sistema de justicia. El Estado ha pretendido enfrentar con lo ordinario, maltrecho e ineficiente, los cientos y cientos de miles casos de asesinatos, desapariciones, tortura, trata, reclutamiento de menores, desplazamiento forzado y despojo de tierra y territorio, entre otros. Solo ha decidido crear mecanismos extraordinarios de verdad y justicia para el caso Ayotzinapa y los crímenes de Estado perpetrados entre 1965 y 1990.

Mecanismos extraordinarios que no cuentan con los elementos mínimos de operación ni con la independencia requerida. No es de extrañar que la negativa, por tres sexenios, de implementar mecanismos extraordinarios de verdad y justicia como lo han hecho otros países, mantenga niveles de impunidad casi absolutos y una crisis humanitaria que crece y crece. Enfrentar lo extraordinario con lo ordinario seguirá siendo un fracaso criminal por parte de quienes siguen aferrándose a ello. Como sociedad no hubiésemos aceptado que se atendiera la emergencia extraordinaria de salud con el sistema ordinario, sin embargo, no hemos exigido que ocurra lo mismo con la verdad y la justicia.

Entradas Recientes

Ver todo