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El extraño incidente que puede provocar alergia de por vida a la carne

Redacción Internacional.- Aunque existen muchos tipos de alergias alimentarias, algunos tan comunes como las alergias a los frutos secos, al marisco o incluso al huevo, hay casos mucho menos comunes y de origen más incierto. De hecho, la alergia a la carne no suele desarrollarse desde el nacimiento, sino más bien por accidente.



Ese fue el caso de un trabajador agrícola de 56 años de Kansas City, en Missouri (Estados Unidos). Tras comer una hamburguesa, empezó a notar una erupción en la cintura y los brazos, similar a la típica urticaria de una reacción alérgica. Costó años diagnosticarle «alergia a la carne», un mal nombre para la afección real del paciente.


No es el primer caso de síndrome de alfa-gal conocido. De hecho, hace unos años ya hablamos sobre estos casos en EL ESPAÑOL: la garrapata estrella solitaria -así denominada por la mancha blanca en su lomo- sería la causante de provocar esta alergia, la cual ya afecta a miles de personas en los Estados Unidos.


En el nuevo caso publicado en la revista BMJ Case Studies, el camino hasta el diagnóstico fue complicado. En ocasiones, la urticaria y las erupciones no eran siempre tras comer carne, y podían aparecer una o varias veces durante la semana, tiempo después del consumo de este tipo de alimento. En ocasiones, el paciente sufría dificultad respiratoria, pero no tan acusada como para acudir a una consulta médica.


Las cosas se complicaron aún más, dado que este hombre también sufría alergias estacionales y se trataba contra el VIH que contrajo a los 21 años de edad, por lo que era difícil discernir si era alérgico a algo nuevo o reaccionaba contra cosas ya conocidas.


Durante años el paciente informó a sus médicos de los síntomas, sin un diagnóstico claro. Cambió de detergente y de tipo de ropa; incluso se descartaron múltiples alérgias alimentarias. El problema es que los síntomas en esos casos ocurren minutos después del consumo, y no horas después, como en el síndrome alfa-gal.

Actualmente se sabe que hasta un 3% de la población de algunas áreas del país norteamericano sufren síntomas propios de este síndrome, aunque su prevalencia real no está clara. De hecho, aunque se sospecha que esta enfermedad ha acompañado a la humanidad durante milenios, solo se ha empezado a estudiar durante los últimos 20 años.


Como ya identificó el investigador de alergias Thomas Platts-Mills en 2008, lo que sucede en este caso es una respuesta de anticuerpos IgE contra un carbohidrato llamado galactosa-alfa-1,3-galactosa; o «alfa-gal» de forma abreviada. Este azúcar, alfa-gal, se encuentra en diversos animales de forma natural. Los primates y los humanos son una excepción de la regla.



Pero la carne que consumimos los seres humanos sí posee este tipo de carbohidrato, y resulta que todos los casos conocidos de síndrome alfa-gal comparten un patrón común: todos sufrieron fiebre de las Montañas Rocosas, un tipo de enfermedad transmitida por la garrapata estrella solitaria o Amblyomma americanum. De hecho, el mismo investigador sufrió este tipo de alergia un año después de ser picado por una garrapata.


Lo que se sabe hoy en día es que este azúcar, adherido a las proteínas de la saliva de las garrapatas, provoca algún tipo de hipersensibilidación en las personas cuando consumen los carbohidratos presentes en carnes como ternera y cordero. La cocción de la carne no rompe el azúcar, por lo que el organismo reacciona de forma exagerada a su consumo. No es la carne en sí, sino el alfa-gal que posee dicha carne.


Respecto al nuevo caso publicado del agricultor, siete años después logró ser correctamente diagnosticado. Dejó de comer carne roja y siempre lleva un dispositivo autoinyectable de adrenalina consigo, por si acaso. De momento lleva ocho años sin reacciones.