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En materia de materia de Derechos Políticos ¿hay igualada entre hombres y mujeres?


Para hablar de participación política de las mujeres tenemos que hablar de igualdad entre hombres y mujeres en materia de derechos políticos; tenemos que hablar de paridad y también de violencias en los espacios y de que el ejercicio del poder público se realiza desde la visión androcéntrica. Situarnos no significa desincentivarnos, sino entender que los obstáculos que existen no pueden ni deben detener nuestra participación. Nuestro ejercicio político no parte de condiciones iguales, por ello se han tenido que hacer reformas en las últimas décadas para ir garantizando la participación de las mujeres en los espacios de representación, hasta llegar a la paridad; es decir esta participación numérica igualitaria entre mujeres y hombres. Empezamos por las denominadas cuotas o acciones afirmativas en los años 90, impulsadas por grupos de ciudadanas politizadas, que fueron punta de lanza. Y a la paridad, como país, llegamos muy recientemente. En el mes de mayo de 2019 por unanimidad, el Pleno de la Cámara de Diputados aprobó en sesión extraordinaria la reforma constitucional que garantiza la paridad de género en todos los cargos públicos de los tres poderes de la Unión y en los tres órdenes de gobierno. La reforma establece que la ley determinará las formas y modalidad para garantizar la paridad de género en los gabinetes del Ejecutivo Federal y de los gobernadores, y en la integración de los organismos públicos autónomos. También en el poder judicial de manera progresiva. ¿Por qué a pesar de la paridad total conquistada sostengo que no partimos de condiciones igualitarias? Porque históricamente no hemos estado representadas en la misma proporción en la que formamos parte de la sociedad; la historia de la participación de las mujeres en la vida pública es historia de la subrepresentación. Asimismo, porque los partidos políticos son entes, aunque de interés público, sumamente patriarcales, y están llamados a reformarse. Su vida interna deberá regirse por la democracia. Sí: una democracia paritaria. Garantizar una representación 50/50 ha requerido de una legislación robusta en materia de violencia política contra las mujeres en razón de género. Y si la segunda reforma fue posible fue gracias a la representación de las mujeres; si no contamos con prácticamente igual número de mujeres que de hombres, las reformas por los derechos de las mujeres no prosperan. Por eso la voz y la representación son nuestros derechos y son sustantivos en su importancia. Los partidos deben trabajar por liberar los obstáculos a la participación de las mujeres y garantizar la participación, libres de toda violencia, especialmente de violencia política contra las mujeres en razón de género. Las mujeres que desean participar en política partidista se enfrentan a violencias fuera y dentro de sus partidos. Necesitamos blindar la vida política de los partidos y hacer que garanticen la paridad política, sin simulaciones ni regateos.

Es importante que este planteamiento se haga desde una mirada interseccional, para no hablar desde una posición de privilegio en política. Muchas veces se desdeñan perfiles, trayectorias, sin saber todo lo que cuesta construir un camino. Como mujeres entendemos lo que llaman minorías, sin serlo, porque hemos tenido un camino precisamente cuesta arriba. Mujeres indígenas y afromexicanas; diversas en su sexualidad, orientación e identidad; mujeres neurodivergentes, jóvenes, adultas mayores, madres, cada una entraña una reflexión y una representación plural, rica, que fortalece la democracia. También subrayo, ha costado mucho nuestra visibilidad como mujeres como para anularla. Debemos situar la perspectiva histórica y contextual, porque es ella la que nos permite avanzar mejor, sin anularnos como movimientos y también como sujetas en política.

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