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¿Hay o no seguridad ciudadana?


Las malas noticias en seguridad ciudadana ocupan prácticamente toda la conversación sobre el tema y es casi imposible distinguir dónde hay buenas nuevas. Lo peor es que, cuando hay algo positivo, nadie o casi nadie lo cree. Apenas una buena amiga me dijo que no creía nada de nada cuando le enseñé una historia de impacto positivo hacia la reducción de la violencia homicida que en efecto ha sido diseñada e implementada y está siendo evaluada conforme a estándares metodológicos especializados y generalmente aceptados. Y aquí es donde encontramos esta retorcida contradicción: generalmente no hay mejoras, pero cuando sí las hay o hay indicios de que las puede haber, nadie o muy poca gente les da valor, provocando así una consecuencia no deseada de debilitamiento de la sostenibilidad de lo que se está haciendo bien o de lo que podría estarse haciendo bien. Lo peor es que el contexto de polarización política y social lo hace todo más difícil porque las conversaciones cada vez dan menos espacio para discutir las políticas públicas con base en la evidencia. Lo he dicho insistentemente por mucho tiempo, en México generalmente se habla de la seguridad, por absurdo que parezca, sin discutir, con medios adecuados de comprobación, qué funciona y qué no funciona para construirla. La desconfianza frente a cualquier relato oficial que habla de buenas nuevas en seguridad está fundada en la experiencia. La inmensa mayoría de los gobiernos no quiere o no puede contar con los medios necesarios para hacer esa comprobación y entonces faltan a la verdad. Esto sucede con las autoridades civiles y militares. Un ejemplo paradigmático reciente es Michoacán. En comunicado oficial de la Sedena del pasado 9 de febrero, se informó que “Con la presencia del personal militar, de la Guardia Nacional y de las autoridades estatales en las poblaciones de referencia se crean las condiciones para el fortalecimiento del estado de derecho, la transitabilidad (sic), la paz social y el desarrollo de las actividades cotidianas en la región”. Un mes después asesinaron al alcalde de Aguililla, una de las poblaciones citadas en el comunicado. Y qué decir del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que este sexenio cumplirá 30 años sin romper el ciclo de debilidad crónica del aprendizaje. Tenemos que hacer exactamente lo contrario a todo esto; debemos colocar el valor del aprendizaje en el centro de la visión y la estrategia de incidencia orientada a la construcción de la seguridad. Hablo de acelerar el aprendizaje construyendo plataformas del conocimiento que, lejos de cualquier manipulación con fines políticos diferentes, coloquen en la mirada pública relatos sólidos y accesibles para, incluso con un click, encontrar respuestas basadas en la ciencia. Plataformas abiertas de conocimiento donde, sea del color que sea, todo gobierno comprometido con el paradigma de la seguridad ciudadana pueda encontrar -y llevar- ahí las ideas que ya probaron su eficacia, así como la explicación de las estrategias fallidas más comunes, todo basado en la evidencia. ¿Cuántos lugares más tienen documentadas mejoras con algún método válido de comprobación? Nadie lo sabe, pero seguramente hay otros casos en ruta y es justamente ahí donde adquiere valor crítico acelerar al aprendizaje. No se diga respecto a la obvia utilidad para la inmensa mayoría de los gobiernos que no tienen acceso a conocimiento alguno sobre la seguridad anclado en la ciencia.

Muchos, pocos, los que sean, en realidad no debería haber autoridad alguna responsable de la seguridad ciudadana sin acceso al saber científico que, por cierto, cada vez construye mejores herramientas para poner en el centro y fortalecer el saber de los operadores en terreno, por igual de las autoridades y de las comunidades. Un estudio que realizamos durante el 2021 incluyó la revisión de más de cuarenta centros de investigación de varios continentes donde se construye conocimiento científico orientado a la incidencia para reducir las violencias. En muchas partes las universidades han irrumpido como actor clave para acelerar el aprendizaje. Estamos en la ruta.

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