• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de se mamá: De vuelta a la normalidad

Tuxtla.- No hay plazo que no se cumpla, y hoy me llegó el día de volver a trabajar, esta ocasión es más difícil que la primera, porque ya no sólo dejo a una, sino a mis dos niñas en casa, una que se la pasa jugando todo el día, y la otra que me necesita para estar tranquila.


La vez pasada, otra diferencia importante es que regresé cuando Elisa tenía casi seis meses, por lo que la disfruté mucho y la dejé más grandecita; Renata apenas cumplió este sábado dos meses, y está más apegada a mí de lo que estuvo Elisa a su edad.


Tengo sentimientos encontrados... por una parte ya extraño mi trabajo, tengo 10 años realizándolo y una pausa de tres meses me hace añorarlo, creo que es algo que nunca me va a aburrir, aunque cuando me fui de incapacidad era una pausa que ya necesitaba hacer, porque todo el año no tomé vacaciones ni nada parecido.


Por el otro, ser ahora mamá de dos me ha representado una doble labor, estos tres meses han sido de estar todo el día en pijama dando pecho y guardando cosas, de no sentirme productiva pero de estar ahí para mis hijas cuando me han necesitado, y de ser una mamá de tiempo completo.


Incluso, he llegado a pensar que no estaría nada mal convertirme en ama de casa por un par de años, en lo que las niñas se van a la escuela, pero hoy en día la situación y la ahora más grande familia me impulsan a echarle más ganas que nunca, pues el dinero nunca sobra y no puedo dejar de trabajar.


Si ya lo hice una vez, seguro voy a poder en esta ocasión, sé que no soy la primera ni la última mamá que trabaja y deja a sus hijos en casa, y que todo lo hago por ellas, aún así se me encogía el estómago de pensar en que llegara este momento y ya estamos aquí.


Me quedo tranquila de que Rodrigo se quede en casa, aunque aún entre los dos han sido días muy difíciles para poder cuidarlas a ambas, así que va a necesitar ayuda; de alguna u otra forma, Elisa ya está acostumbrada a quedarse sola con papá en las mañanas, la que me preocupa es Renata porque nunca he pasado tanto tiempo lejos de ella.

Elisa era más grande, sus tomas no eran tan seguidas y ya podía entretenerse con otras cosas, en cambio Renata no está tranquila si no es conmigo, apenas está empezando a pasar más rato despierta y a reírse con papá, pero no sé si aguantará cuatro o seis horas, aún dejándole leche materna en la mamila.


Aunque ya hicimos la prueba una vez y agarró bien la mamila, Elisa prefería esperarme y no tomar la leche de mi banco, ya veremos qué pasa con Renata, obviamente se tiene que acostumbrar, como todos los bebés, pero no sé cuánto le vaya a costar hacerlo.


La lactancia es una maravilla, pero en ese sentido representa un problema porque depende mucho de mi, no sólo nutricional sino emocionalmente, por lo que esa será mi mayor preocupación en estos días, además no sé cómo va a reaccionar Elisa al no estar yo y quedarse con su papá y hermana.


Dicen que los seres humanos son los únicos mamíferos que no pueden ser independientes desde que nacen, incluso, se piensa que los primeros meses de vida fuera del útero siguen gestándose, pero como no pueden pasar tanto tiempo dentro de mamá, se terminan de formar afuera.


Es decir, siguen dependiendo de mamá aunque no haya cordón umbilical de por medio, pues no conocen el mundo, no se saben regular ni hacer nada por sí mismos, sobre todo Renata, que es tan distinta a Elisa cuando era bebé y me busca mucho. No quedará de otra, tanto ella, como yo, como toda la familia, tendremos que acostumbrarnos a esta nueva etapa.