• ALE OROZCO

LA AVENTURA DE SER MAMÁ

Antes que todo, quiero desearles una feliz navidad y que hayan pasado estas fechas en compañía de sus seres amados, sin duda nosotros pasamos nuestra mejor navidad hasta ahora, viendo a Elisa disfrutar sus regalos y ver la carita de paz de Renata ya con nosotros.



Mi primera semana como mamá por segunda vez ha sido una montaña rusa, más o menos lo que me esperaba, pero en formas diferentes y siempre sorprendiéndome de una forma u otra: el caos y lo increíble que es la vida, un poco de todo, a diario.

Renata es un amor, al igual que lo fue Elisa, porque ni molesta: todo el día duerme y come, nos regala sus sonrisas y medio abre sus ojitos, que por cierto son más chinos que los de Elisa, también parece ser un poco más morena, pero aún así yo les encuentro mucho parecido a ambas, aunque otros no.


En cuanto a la lactancia... mi expectativa era que por ya tener un año y nueve meses de experiencia en esto, iba a ser súper fácil, y la verdad es que sí es una gran ayuda el haber ya recorrido este camino, pero hay cosas que es inevitable que pasen, como el mal agarre, el dolor y las grietas.


La diferencia, es que desde el día uno ya tenía leche y cada día noto una mayor producción, por lo que desde el día que nació estaba segura de que sí se estaba llenando y alimentando, algo que no pasó con Elisa y me hizo caer en la desesperación de darle fórmula dos veces, sin embargo Renata apenas está aprendiendo a tomar y estoy muy lastimada, aguantando y ayudándola, enseñándole para que cada vez sea menos doloroso.


Ahora practico la lactancia tándem, es decir, amamantar a mis dos bebés. Según asesoras de lactancia y médicos que he consultado, no afecta para nada lactar a dos bebés de diferente edad, al contrario, porque la succión del mayor asegura que el menor tenga suficiente leche, y mi leche materna se adapta a las necesidades de la más pequeña.


Todo muy bonito y todo, pero sí le hemos sufrido en cuanto a lo emocional: Elisa apenas se está adaptando a esta nueva vida de cuatro, y cuando ve que le voy a dar pecho a Renata, corre por su trapo y me pide chichi, si se despierta y la ve tomando, llora y dice “no, hermana no, chichi, chichi”, y yo le tengo que explicar que su hermana es más chiquita y no puede comer nada más, y que cuando termine con ella será su turno.


Esto es solo en la mañana, la noche y para dormir la siesta, seguimos con solo tres tomas al día porque el plan es destetar a Elisa máximo a los dos años, no puedo hacerlo ahorita porque se sentiría muchísimo y no quiero que le agarre coraje a su hermana, así que no le puedo negar, aunque desde hace mucho tampoco le ofrezco.

La verdad es que se ha portado muy bien, es muy madura para su edad y está poniendo mucho de su parte, aunque los celos son muy normales y cuando nos ve con su hermana, se va a meter o empieza a hacer alguna travesura, así que sí hemos necesitado paciencia extra.


A todo esto, súmenle mis hormonas y la depresión posparto, así que sí he pasado noches llorando pero nomás tantito, cuando me gana la desesperación de llevar dos horas despierta dando pecho (porque la patroncita sí se prende bastante tiempo), o cuando tengo que levantarme cada dos horas, o cuando las dos me lloran al mismo tiempo para pedirme chichi, y yo me siento la peor mamá del mundo por tener que priorizar a una sobre la otra, porque mi herida está aún reciente y mis senos muy lastimados como para ponérmelas a las dos a la vez.


Yo ya estaba mentalizada a algo así, y sin darme cuenta ya pasó una semana de la llegada de Renata, así que seguiremos dejando que todo fluya, disfrutando esos momentos donde Elisa se acerca a besar a Renata, donde le dice te amo hermana, o verlas juntas vestidas iguales, todo eso vale oro y esos momentos serán cada vez más abundantes.