• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: 40 días con ellas

Tuxtla.- Aquí estoy otra vez, escribiendo mi columna tarde porque apenas tuve un ratito en lo que se duerme Renata y Elisa cena con su papá, me tuve que bañar exprés porque Renata está muy apegada, otra vez son esos días donde no me suelta, y yo la aprovecho al máximo aunque con miedo de qué va a pasta cuando regrese a trabajar.



Reno, como nos gusta decirle en casa, ya cumplió 40 días con nosotros, en los cuales Elisa aún se siente desplazada y en cuanto nos ve con ella empieza a aventar cosas o subirse a los sillones, me está pidiendo más chichi que de costumbre y se está volviendo a levantar por las noches.


Al menos el clima ha estado bastante rico, a todos nos gusta el frío, pero mis pobres niñas tienen esa sangre que atrae mucho a los zancudos y cuando no duermen con ventilador amanecen llenas de piquetes, a pesar de dormir bien tapadas y llenas de repelente, ya hasta trapeamos con citronela, pero no respetan nada.


Este tiempo se me ha pasado lento... como si llevara ya meses teniéndolas a las dos, porque cada día resulta pesado y agotador, aunque al ver una sonrisa de Renata o ver a Elisa darle besos a su hermanita, eso hace que valga todo la pena, aunque ni Rodrigo ni yo nos imaginamos que iba a ser tan complicado.


En este tiempo he tenido que aprender a ser más paciente, aunque reconozco que a veces me sigue ganando el enojo del momento, a ponerme en el lugar de las dos, que están bien chiquitas, a priorizar las cosas y ponerlas en perspectiva, porque no todos los días da tiempo de lavar la ropa o de ver un capítulo de mi serie, hay días más difíciles que otros pero ninguno dura para siempre.


Pudiera parecer que me quejo mucho, podrían pensar que para qué quise tener otra hija si no iba a poder con el paquete, pero esta columna se ha vuelto mi válvula de escape y me ayuda a desahogarme, con la esperanza de que otras mamás compartan mi sentimiento y así todas pasemos por esto acompañadas, también puede servir como referencia para quienes quieren tener hijos con las edades de las mías, para que se den una idea de a qué se van a estar enfrentando.


Ese es mi único fin, compartir mi día a día, crear empatía, todo desde mi punto de vista personal y sin sentirme experta en nada, es como una segunda temporada de mi maternidad en la que Elisa sigue siendo la protagonista pero se acaba de sumar Renata como su co-estelar, y nosotros seguimos siendo personajes secundarios.


Con todo y todo, tener dos hijas se siente padrísimo, ver sus primeros momentos juntas y saber que, primero Dios, crecerán juntas... quizá Elisa no nos lo pidió, pero así es la familia que soñamos y que estamos muy agradecidos de poder empezar a formar.


A veces, cuando me consume el cansancio o me quiere ganar la desesperación, agradezco que mi pequeño caos familiar es el sueño de muchos, y como es muy poco probable que tengamos otro hijo, trato de saborear y disfrutar cada pequeño momento, guardármelos en la mente para disfrutarlos siempre, porque el tiempo pasa tan rápido que a veces ni recuerdo cómo era Elisa a esta edad.


Justo ayer empecé a sacar ropa de Elisa que ya va a empezar a usar Renata, porque la talla recién nacido ya le está quedando chica, y me ganó la nostalgia de recordar cómo se veía mi Eli con esas prendas, si estaba más gordita que Reno o no, y me llena de ilusión que ahora sea su hermana mayor quien las use.


La maternidad es todo un reto, pero es muy bonito y satisfactorio. Quizá cuando era más joven nunca me imaginé teniendo dos hijas antes de los 30, pero no puedo estar más feliz de lo que tengo, así como ilusionada por todo lo que se nos viene juntos.