• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: ¿apego o mamitis?

Tuxtla.- El apego es la relación afectiva más íntima, duradera y profunda que existe entre los seres humanos, por eso no es de extrañarse que sea muy natural entre madre e hijo, por lo regular; y últimamente se ha estrechado mucho esta relación entre Elisa y yo.

Cuando estaba recién nacida, yo no sentía que ella estuviera apegada a mí, más bien creía que su apego más grande era con mi mamá porque solo con ella se calmaba o dejaba de llorar, ya luego fui aprendiendo que era porque ella estaba más tranquila que yo y le transmitía su calma a la bebé.


Con el paso del tiempo, me di cuenta de que sí me buscaba más a mí, y la lactancia ayudó mucho a estrechar el vínculo, aunque hasta hoy en día sigue buscando mucho a mi mamá, me doy cuenta de lo mucho que me busca y la falta que le hago cuando no estoy.


Sobre todo en semanas como la anterior, que les contaba que estaba inapetente e incómoda, pedía mucho más pecho de lo normal, pero además del obvio vínculo que nos une por la lactancia, me busca mucho y no le gusta perderme de vista.


Hay semanas o temporadas más tranquilas para mí en lo laboral, que me permiten estar más tiempo con ella, sin embargo hay veces que sí tengo que ausentarme de casa por tiempo más prolongado o salir más seguido, y ella lo resiente y me pide.


Lo que hago antes de irme es darle pecho, aunque esté dormida, porque de lo contrario cuando despierta llora mucho pidiendo a su mamá, y eso me parte el corazón. Es una niña muy inteligente, independiente y activa, pero me da mucha ternura cuánto me necesita, y a la vez me consuela un poco que todavía siga siendo mi bebé.


Es que está creciendo demasiado rápido, ya camina y corre, se sabe los colores, cuenta del 1 al 4, quiere comer sola, tomar agua sola, se inventa sus propios juegos... ¿en qué momento dejó de ser esa bebé que dependía totalmente de mí para convertirse en una niña que explora todo a su paso?


Hay veces que está con su abuela, su tía o su papá y grita desesperada preguntando por mi, le basta con verme para quedarse tranquila, aunque otras veces de plano pide quedarse conmigo, la mayoría de ellas porque quiere chichi.


Pero cuando me tengo que ir, le explico que me iré a trabajar y que regresaré más tarde, y vaya que lo entiende, se queda tranquila y hasta me despide en la puerta, nunca me voy a escondidas, prefiero explicárselo porque de veras que lo entiende.


Ya pasadas unas horas, obviamente me extraña y me necesita, entonces me dicen que pregunta por mi o pide chichi, pero ya no llora al hacerlo, es muy comprensiva y se entretiene jugando o viendo videos de canciones infantiles, que por cierto le encanta bailar.


Cuando la escucho gritarme “mamá” me doy cuenta que sigue siendo mi bebita, y que aunque sea una adulta la seguiré viendo igual, quizá como mi mamá nos ve a nosotras aún a estas alturas de la vida... neta que la vida cambia cuando te conviertes en mamá, y no solo en el día a día, sino en tu manera de ver las cosas, siempre desde otra perspectiva.