top of page
  • ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: Casi 30, nada coqueta, medio próspera


Tuxtla.- Comenzó diciembre, mi mes favorito del año cada vez por más razones: es mi cumpleaños, es navidad, es el cumpleaños de Rodrigo y también el primer cumpleaños de Renata, y este año es especial porque será el primero con dos hijas estando -primeramente Dios- totalmente bien, porque el año pasado tenía como 10 días de aliviada y las fiestas me pasaron súper desapercibidas.

Este 2022 también es especial porque cumplo mis 30 primaveras… así es, cumplo 15 por segunda vez y es inevitable ponerme a pensar en dónde estoy parada, si la vida me está saliendo como pensaba y qué tanto la estoy disfrutando a mi edad; hoy vi un meme que decía: un año más gastando en viajes y no en pañales, y en mi caso, es todo lo contrario.

Cada año gasto más en pañales porque en los últimos años tuvimos dos niñas casi una después de la otra, y ahora veo mi vida, me veo a mis 29 con dos bebés, tratando de agrandar una casa y de sostener una carrera en la que tengo al menos dos trabajos, y wow, hay días que no me la creo.

Cuando estaba chica, mi plan de vida contemplaba vivir sola a los 22, casarme a los 25 y tener mi primer hijo a los 26, quería tener tres, y a la vez, haber llegado a esa edad luego de muchos viajes dentro y fuera del país. Claramente mi plan de vida se basaba en películas hollywoodienses, y no en la realidad, aunque después empecé a modificarlo y hubo un tiempo que solo quería viajar y viajar sin sentar cabeza… pero siempre acudo a mi plan original para saber qué diría esa Ale niña de lo que hemos logrado hasta ahora.

¿Vivir sola? Pues lo hice durante mis intercambios académicos en Guanajuato y en Oklahoma, eso también cuenta cómo viajar, y antes de tener a las niñas fui a los conciertos que quise, viajé sola, con mis amigas, con mi familia y con Rodrigo, quizá aún no me he casado pero encontré a la persona con la que quiero compartir mi vida, y eso sí, me embaracé a los 26, así que no me alejé mucho de mi plan de vida.

Verme con dos hijas y menos de 30 años, la verdad sí se siente chido, porque disfruté mucho mi juventud (que aún no se ha acabado, pero sí tiré fiesta mucho rato), no quería ser mamá tan grande y ahí vamos, malabareando con dos bebés, a la par del trabajo, la casa y los amigos, quizá hace 10 años, si me hubieran preguntado cómo me veía en 10 años más ni de broma le hubiera atinado, pero creo que tengo más de lo que imaginaba.

Me causa conflicto que me digan señora cuando todavía me siento morrita… pero pues lo soy, soy una señora, mamá de dos hijas que se emociona cuando llega el agua para ponerse a lavar y trata de acabar sus pendientes rápido para dormirse temprano, creo que desde hace un tiempo, incluso antes de tener a las niñas, comenzaba a despertar la señora dormida en mí.

Pero también agradezco poder tener aún la energía (no tanta como quisiera, pero ahí está) para echarme estas jornadas maratónicas, y saber que cuando mis bebés ya no sean bebés, aún tendremos tiempo de salir, de viajar, y de hacer muchas cosas que pusimos en pausa de momento.

“30, coqueta y próspera”, dice la película “Si tuviera 30”, una de mis favs de la adolescencia… no me siento coqueta porque honestamente hay días que hasta me duermo con maquillaje y hay otros que ni me da tiempo de peinarme, no le dedico ni un minuto diario a hacer ejercicio porque nomás no encuentro el tiempo ni las ganas, pero sí les puedo decir que tengo prosperidad por la chulada de familia que tengo y por todo el esfuerzo que estamos haciendo para tener una casa más grande y bonita para ellas.

Entonces en resumen: otro año gastando más en pañales que en viajes pero lejos de ser algo malo es una bendición al doble, ya habrá tiempo para gastar en viajes para cuatro… medio coqueta y medio próspera, y también muy feliz de que a mis 30 años gracias a Dios tenga todo lo que quiero y necesito para ser feliz: dos hijas hermosas, una pareja increíble, un trabajo, un techo y comida, y espero me resten muchos años para disfrutarlo.

bottom of page