• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: Cosas que no recordaba

Tuxtla.- Hoy les escribo desde casa... se acabó la recuperación posparto en casa de mi mamá, ella hoy regresa a trabajar y nosotras ya estamos en casa, adaptándonos a ser cuatro en vez de tres y empezando a poner en orden todo lo que por tres semanas dejamos pendiente.



Renata ya cumplió tres semanas... ya pasa más tiempo despierta, ya nos ha dejado ver más sus ojitos, sonríe cuando le hablamos y se mueve más que antes, también ya atravesamos por el primer brote de crecimiento en la lactancia.


Y es que no recordaba... no me acordaba que a los 15-20 días de vida los bebés se pegaban al pecho a cada rato, cada media hora, cada hora, o se quedaban hasta dos horas ahí, sin importar que siga con los pezones lastimados o que esta semana haya desarrollado una obstrucción.


No recordaba que me puede incluso dar mastitis si no libero mis conductos, si no me pongo compresas de agua caliente o si no dejo que reposen al aire libre, pues ahora mi cuerpo produce leche para dos y apenas se está adaptando a la producción, misma que Renata estimula gracias a este brote, que se repetirá dentro de unas semanas y al tercer mes de vida.


Tampoco recordaba cómo es dormir por poquitos, o que justo cuando los acuestas en la cuna empiezan a llorar porque prefieren estar en los brazos, o qué tan fuerte pueden gritar con esos pulmones que se fortalecieron desde que estaba en mi vientre.


No recordaba tampoco que los primeros tres meses en su vida son tan tranquilos, porque ellos piensan que siguen dentro del vientre, y por eso buscan la calma, la voz y el olor de mamá, para sentirse tan seguros como cuando estaban dentro, y que uno tiene que tenerles paciencia y darles esa paz que tanto buscan.


No recordaba cómo huele un recién nacido, cómo se sienten sus manitas suaves, cómo se infla su pecho cuando respiran, cómo se les cae el pelito y lo frágiles que se sienten en nuestros brazos, o lo complicado que puede ser bañarlos, aunque una vez haciéndolo de nuevo, los viejos hábitos vuelven a la vida y uno lo hace como por inercia.


Lo que nadie me había dicho, y siempre recordaré, es lo complicado que puede resultar tener a una toddler y a una recién nacida al mismo tiempo, cómo tienes que dividir tu tiempo y atención entre las dos, ya que ambas me necesitan, y lo mal que se siente descuidar a una aunque sea por un ratito, para ir a ver a la otra.


Hay noches que todo se vuelve complicado... hay momentos del día que parecen imposibles, pero también hay instantes que valen oro... ver dormir a Renata, escuchar a Elisa pedirme que vaya a su lado porque me necesita, verla darle besos a su hermanita y acostarse a su lado... todo está valiendo la pena, aunque hay noches que me tengo que recordar que hoy no es para siempre y que los tiempos de crisis ya pasarán.


Soy mamá de dos niñas... suena más fácil de lo que está siendo para mi, si con Elisa creía que estaba enfrentando el reto más grande de mi vida, rectifico, pues ese momento es el de ahora, o seguramente lo será cuando vuelva al trabajo y deje a mis dos tesoros en casa hasta que vuelva.

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