• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: Cuando la crianza no es tan positiva

Tuxtla.- Desde que nació Elisa, empecé a informarme y leer sobre embarazo, posparto, los primeros meses, alimentación complementaria y todo lo demás, también llegué a leer el término de crianza positiva, y decidí que lo iba a implementar para ella.



Es una herramienta para considerar a nuestros hijos como individuos, dándoles cierta autonomía en el proceso y respetándolos como personas, un punto medio entre la rigidez y la permisividad, bajarte al nivel del niño o niña para tratar de que te entienda.


Según psicólogos, pedagogos y especialistas, esto quiere decir que se deben poner límites sin recurrir a amenazas, castigos, gritos y mucho menos golpes, rompiendo con el modelo con el que seguramente fueron criados nuestros padres, quienes a su vez llegaron a usar la chancla o la “nalgada a tiempo” con nosotros, y pensamos que eso nos ayudó a educarnos y ser personas de bien.


Por ejemplo, en vez de decir “no hagas eso”, proponen alternativas positivas, en vez de “no toques eso” pedirles que pongan las manos atrás u ofrecerles una alternativa, si no se quieren bañar ofrecerles si quieres meter una pelota o un juguete, orillándolos a hacer lo que deben sin imponerles una orden.


Pero por supuesto que todo eso se lee mucho más fácil de lo que en verdad es. Por supuesto que quedé como tonta cuando Elisa empezó a entrar en esta bonita etapa de rebeldía, que lleva mi paciencia al límite unas 838 veces en un solo día, y me siento de todo, menos positiva.


Elisa está a menos de dos meses de cumplir dos años, los terribles dos años. Además, le están saliendo colmillos y muelas, y por si fuera poco acaba de nacer su hermana, así que está lo que le sigue de rebelde, berrinchuda y sensible.


Entre sus regresiones, está volviendo a aventar las cosas, ya sea juguetes, el control de la tele, teléfonos o lo que tenga en la mano, está muy selectiva con la comida, la escupe, se guarda el agua en la boca y también la saca, y está agarrando la maña de pegar, ya sea a nosotros o a quien se le atraviese, hasta lo ha intentado con su hermana.


Por cualquier cosa llora, todo lo pide a gritos, su respuesta a todo es “no”, se priva en gritos o llantos, sale corriendo, se trepa a brincar a los sillones, y eso es todos los días, a cada rato, por lo que parece más una delincuente que esa niña tan linda e inteligente a la que estábamos acostumbrados.


Hay que entenderla, lo sé, está pasando por cambios difíciles en su vida y aún no puede controlar sus emociones, sin contar que esta chica para entender aunque lo intente, y que está por llegar a esa edad difícil que incluso consideran como una adolescencia, la transición entre bebé y niña grande.


Y bueno... toda la teoría de la crianza positiva se va al caño cuando estás tratando de que coma y te lo escupe todo, o cuando te suelta un manotazo en la cara, o se trepa a un sillón más rápido que un rayo; en ese momento el instinto y la costumbre te llevan a gritar, lo primero que sale de tu boca es el “no”, la amenaza o el castigo, y la intención se queda en solo eso.


De por sí reconozco que soy poco paciente... entonces ha sido muy difícil no comportarme así, menos cuando estoy tratando de lidiar con ella mientras le doy pecho a Renata (que últimamente se la vive pegada a mí unas 20 horas al día), o cuando no he dormido y la veo portarse así.


Lo peor es que de inmediato me arrepiento del grito, de la reacción o de la amenaza, pues veo la confusión en su carita y recuerdo que solo es una niña, mi niña chiquita, que la mamá soy yo y que yo debo controlarme, porque ella aún no sabe cómo hacerlo.


“Si quieres calma, dale calma”, dice la crianza positiva... pero los reto a sonreír y hacer como que no les lleva el demonio ante uno de esos berrinches que taladran los oídos y agotan la paciencia, sobre todo porque nuestra generación apenas está rompiendo ese modelo antiguo del que fuimos parte y que apenas pretendemos cambiar.


Ya no sabemos si regañarla, si los castigos sean efectivos a esta edad, si debemos ignorarla... a estas alturas ya no sabemos nada... es difícil, es pesado, nos gana la impaciencia, pero estamos tratando de hacer lo mejor que podemos y confiamos en que será solo una etapa, sabíamos que llevarse tan poquito entre ellas al principio sería un reto, pero vale totalmente la pena.