• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: iniciando con el porteo

Tuxtla.- Esta semana, Renata cumplirá ya un mes con nosotros... entre una niña y otra, se me ha pasado volando el tiempo, cada día está más grande, su ropita de recién nacida ya le empieza a quedar chica y ya pasamos a la etapa 1 de pañal, cada vez tengo más producción de leche y ella se la ha pasado comiendo todo el día.


La convivencia familiar se ha tornado pesada pero increíble, y es que Elisa está teniendo más regresiones, tal como ya nos habían anticipado: otra vez avienta todo lo que tiene en la mano, saca la comida, todo lo pide llorando o gritando, y cuando ve a su hermana tomar chichi, pide ella también, y ni cómo negársela, porque se vuelve un berrinche sin fin.


Además, le está saliendo otro colmillo, por lo que tenemos más despertares nocturnos, está irritable, sin apetito, floja de la panza... en fin, todo eso aunado a la llegada de su hermanita y la inminente última crisis o brote de crecimiento, la de los dos años que ya le está respirando en la nuca.


En fin. Han sido días de tratar de tener mucha paciencia y fallar en el intento, de regañar y reprender para después arrepentirnos, de tratar de conseguir el equilibrio y muchas veces fallar en el intento... quien dijo que la crianza positiva era sencilla, estaba loco.


Una herramienta que me ha sido muy útil estos días es un fular que me regaló mi prima, desde que nació Elisa tenía muchas ganas de portearla pero nunca lo hicimos por una cosa u otra, y apenas hace unos días comencé a hacerlo con Renata, que ama estar en brazos y no se queda tranquila si está en la cama o solita.


Los expertos dicen que el porteo es una excelente opción para la crianza con apego, es simple y sencillamente mantener a tu bebé cerca de ti, cuerpo a cuerpo, para fortalecer el vínculo y que sientan tu olor, tu corazón y tu respiración para calmarse, recordemos que estuvieron nueve meses en el vientre, por lo que apenas se están adaptando al mundo exterior y mamá es lo más familiar que tienen.


Luego de ver un sinfín de tutoriales y de estar practicando, cada vez se me hace más fácil ponérmela, el fular que tengo es de argollas y me permite ajustarlo, incluso a Elisa ya me la amarré también y sí aguanta, la que no me aguantó fue ella; el chiste es que este fular me deja ponerla en posición de ranita, que es la más recomendada, y ponerla a descansar sobre mi pecho.


Como por arte de magia, las veces que la he porteado se queda cómodamente dormida en mi pecho, hasta tengo que comprobar si está respirando, porque se adormece con mi caminar, mi voz, mi olor, mi calor y los latidos de mi corazón, dejándome hacer mis cosas sin dejarla acostada en un rincón, teniéndola cerca, sintiéndome más productiva y pudiendo aprovechar mejor mi tiempo mientras la mantengo conmigo.


Al principio, Rodrigo no confiaba en el fular -de hecho creo que aún no lo hace-, porque pareciera que queda “al aire” aunque la posición en la que la tengo y la forma en que me la coloco hacen que esté segura y su cadera quede protegida, contrario a otras mochilas o fulares.


No soy experta en el tema, pero sé que es una excelente herramienta para mamás todo terreno, que los bebés nunca deben quedar viendo hacia el frente, sino acomodados contra nuestro pecho y a la altura ideal para poder darles un beso en la frente, con las rodillas encogidas para que su cadera no lo resienta, y me arrepiento de no haberlo probado antes, con ella o con Elisa.


Con decirles que gracias a mi fular, les puedo escribir cómodamente sentada, con ambas manos, mientras Renata duerme acurrucada en mi pecho, siento su olor y su calorcito para seguirme inspirando, cada vez duermo menos, pero espero que ya pronto pase el primer brote de crecimiento y sus siestas sean más prolongadas, hasta entonces seguiremos porteando y aguantando.