• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: La lactancia tándem

Tuxtla.- Hace ya casi dos años, inicié con una aventura personal que a su vez involucraba a alguien muy importante y que dependía de ello, decidí darle lactancia materna exclusiva a Elisa sin saber todos los retos que representaría para nosotras, con mucha incertidumbre y obstáculos al principio, sin pensar que dos años después estaría hablando de esto, y menos que lo seguiría llevando a cabo.


Como ya he compartido, me costó mucho, la primera semana eran noches de llanto, de pezones agrietados y de pensar que no la estaba llenando, el agarre mejoró, la producción se estableció y el resultado fue una niña llena de rollitos y subiendo hasta más de lo que esperábamos en cuanto a su peso.


Antes de embarazarme de Renata, mi meta era llegar a los dos años y destetar, o hasta que ella lo dejara, aunque en realidad no me molestaba porque ya solo tomaba para dormir y despertar, unas cuatro tomas al día, y no dependía de ello.


Cuando me embaracé, empecé a intentar reducir las tomas, dejándole solo dos y al final logrando que un par de semanas durmiera de corrido, sin cortar ese vínculo tan especial que ha sido para ambas a lo largo de este tiempo; aunque la intención era destetar a futuro, no planeaba quitárselo por completo y menos hasta que naciera su hermanita, así que no tenía prisa ni presioné nada.


Yo ya había leído sobre la lactancia tándem y dije, ok, vamos a hacerlo, si ya estoy acostumbrada a dar pecho ¿por qué no darle a las dos?; mi ginecólogo no me dio motivos para suspender la lactancia de Elisa durante el embarazo de Renata y yo me sentía cómoda haciéndolo.


Conforme empezó el embarazo, empecé a experimentar lo que se conoce como agitación por amamantamiento, que son sentimientos negativos hacia un hijo, sobre todo cuando es mayor de un año, que suceden al amamantar, a mi me pasaba con Elisa que me empezaba a sentir incómoda, o que ella se ponía muy inquieta y eso me desesperaba, pero supe que era algo normal, aunque ya empezaba a pensar en el destete.


Una vez naciendo Renata, yo me esperaba con la mano en la cintura poder establecer la lactancia, sin contar con que yo ya sabía cómo estaba la onda pero ella no, y volvió a pasar: al principio tuvimos problemas de agarre, dolor, ardor, llagas, con la diferencia de que yo ya sabía que lo que salía de mis pechos sí la estaba llenando y era suficiente.


Para esto, Renata empezó a pedir su chichi más seguido, y yo con gusto se la daba tratando de entender que está celosa, se siente desplazada y apenas se está adaptando a la vida con su hermana, incluso me ayudaba que su succión no me lastimaba el pezón como la de su hermana y así descongestionaba mis pechos y estimulaba más producción para Renata.


Sin embargo, con el paso de los días, Renata fue pidiendo más pecho al punto de que literal todo el día la tenía pegada porque si no lloraba, tantito me soltaba y me pedía Elisa, y yo sentía que no hacía otra cosa en el día más que amamantar, sintiéndome agobiada física y mentalmente, además de que la agitación al darle pecho a Elisa empezaba a ser mayor.


Me da vergüenza reconocer que este sentimiento negativo me ha ganado, sobre todo en las noches y madrugadas, desesperándome con Elisa o restringiéndole el tiempo en la chichi, yo sé que ella también es una bebé todavía, pero mi mente la pone a ella como la mayor y la que “no necesita” el pecho, que si bien no lo hace nutricionalmente, sí la llena de manera sentimental, es su manera de pasar tiempo conmigo.


Incluso intenté un día que las dos se despertaron al mismo tiempo, darles a cada un pecho a la vez, pero todavía tenía un pezón lastimado y fue más mi dolor e incomodidad, además de que ninguna de las dos se acomodó para disfrutarlo.


Ahorita, Elisa ya no toma chichi durante el día, porque la puedo distraer con otras cosas y se le olvida, solo le doy para dormir, que son unos cinco minutos, y cuando se despierta en la madrugada y de día, a Renata también le trato de espaciar más las tomas porque ha tenido un poco de reflujo, además de que ya estoy por volver al trabajo y quiero que empiece a acostumbrarse a no estar en mis brazos por ratos.


Hace dos años, nunca imaginé que estaría aquí dándole pecho a dos, la lactancia tándem era algo que no me pasaba por la cabeza, y sin darme cuenta ya llevo haciéndolo casi dos meses, tratando de suplir las necesidades de mis dos niñas, y aunque me desespero a ratos, aquí es donde tengo que recordar que el motivo por el que decidí lactar en primer lugar fue el bienestar de mis hijas, y que es la mejor forma en que les puedo demostrar mi amor.