• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: La primera visita al zoológico

Tuxtla.- Apenas hace unos días, el Zoológico Miguel Álvarez del Toro (ZooMAT) abrió sus puertas al público en general luego de un año de cierre, después de recibir de manera parcial a grupos limitados, por citas y a partir de los 12 años; entonces, vimos la oportunidad perfecta para llevar a Elisa.



Desde hace tiempo queríamos llevarla, quizá aún no es tan grande pero le gustan mucho los animales, en especial los pájaros y los búhos; identifica perfecto a los perros, gatos, vacas, caballos, y pensamos que sería una buena idea llevarla, y aprovechar a salir un poquito de la rutina y del encierro.


Luego de consultar que el zoológico estaba abierto de martes a sábado, decidimos ir este fin de semana, llegamos como a las 10:30 y desde la caseta nos preguntaron cuántos éramos, si había alguna mujer embarazada y si todos traíamos cubre bocas.


Me sorprendió -para bien- ver el estacionamiento a full, bastante gente en la entrada, familias con cubre bocas y agua para sofocar el calor y seguirse cuidando ansiosas por visitar el recinto, quizá por primera, o por enésima vez.

Si quieren ir, ya dejan pasar a personas de todas las edades, a excepción de mujeres embarazadas como les comentaba, te piden obligadamente el cubre bocas, aunque a Elisa no se lo ponemos porque tiene menos de tres años y no está recomendado, y la verdad me dio gusto que lo entendieran y no se lo exigieran como en muchos lados, donde no consideran que no puede respirar bien y se lo quita todo el tiempo, pudiendo ser las contraproducente que benéfico.


Fuimos con mis papás, quienes no se quisieron perder la primera visita al zoológico de Elisa, mi papá hasta canceló una reunión para ir, a mi mamá no le importó que el sol le pudiera irritar la cara por un problema que tiene, y además me encanta que los dos puedan acompañar a Elisa y convivir sin problemas a pesar de ya no estar casados.


Fuimos con ropa cómoda y bajamos la carriola, iba a ser muy pesado sin ella -aunque también lo fue, pero ahorita les cuento-, pasamos por un túnel sanitizante, pagamos 35 pesos cada uno y comenzamos el recorrido.


Algunas de las medidas implementadas por la pandemia son que no puedes ingresar alimentos, no puedes dejar tu mochila en paquetería, el boleto de acceso lo depositas en una bolsa para que no haya contacto con nadie, te invitan constantemente a circular y no quedarte en un solo lugar, a mantenerte con el cubre bocas, y hay algunas áreas cerradas, como las mesas para picnic y una parte del trayecto; también hay una sola entrada y una sola salida.


Ya entrando en materia, Elisa estaba encantada con los árboles, se la pasaba diciendo “árbol” y le señalábamos la vegetación, también le gustó el sonido de los pájaros, se les quedaba viendo -sobre todo a los verdes-, la bajábamos por tramos para caminar (todavía agarrada de nosotros) y con algunos animales decía no con la cabeza, o sea que le daban miedo.


Uno de sus animales favoritos es el búho y se lo pudimos mostrar por primera vez en el Museo Zoológico, luego nos encontramos con lechuzas y especies de búhos vivos, y los alcanzó a identificar, además de los monos, tortugas, peces y otras aves.


Lo malo es que, por la hora a la que fuimos, se atravesó su hora de la siesta, y a medio recorrido ya tenía sueño y venía como en piloto automático... eso fue el pretexto perfecto para emprender la huida, porque los cuatro estábamos fuera de condición y ya nos pesaba la subida, la caminada, el calor y el llevar la carriola entre las rampas y senderos.


Llegando a la pantera, donde está el desvío, comenzamos a bajar; ni se crean, la bajada también pesa porque si no le metes fuerza se te va la carriola -pregúntenle a mi papá-, pero la verdad es que Elisa se la pasó bien, estuvo contenta, se portó bien, y para tener un año, lo disfrutó en la medida de lo posible.


Recomendaciones: a la próxima la llevaremos ya dormida para que aguante más, también les recomiendo llevar mucha agua, gorras o sombreros por el sol, repelente y bloqueador, ropa cómoda, y sobre todo mucha energía, el recorrido vale la pena, pues nosotros también nos la pasamos padre, no solo ella.


La verdad es que tenemos uno de los zoológicos más bonitos del mundo sin exagerar, y me dio mucho gusto volver a verlo lleno de gente, de vida, y ver que la gente comienza a salir a entretenerse de manera sana y guardando todas las medidas de higiene, que seguirán vigentes al parecer mucho tiempo más.


Así fue nuestra primera excursión familiar en pandemia... creo que Elisa lo disfrutó mucho, sin duda volveremos cuando esté más grande, esperando terminar todo el trayecto, y espero sea el primero de muchos destinos juntos, su sonrisa vale cualquier esfuerzo o cansancio.