• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: Renata no me suelta y Elisa no me quiere

Bien dicen que el tiempo pasa rapidísimo… y aquí estamos, a casi un mes de que Renata cumpla un año, ya un año de esta dinámica familiar llena de altibajos, de días donde quiero tirar la toalla, de dudar si lo estoy haciendo bien 23 horas al día (la hora restante es lo que puedo dormir bien) pero sobre todo de aprendizaje y amor al doble.


Cuando llegó Renata a nuestra vida, me dio mucha melancolía porque sabía que ya no podría ponerle la misma atención a Elisa, que apenas tenía un año y 10 meses y ya tendría que compartir a mamá y papá sin estar lista para ello, me dio mucha tristeza tener que desplazar a mi flaquita, porque inconscientemente eso es lo que pasa, no hay de otra.

Al principio, vimos que lo tomó muy bien… aunque cada vez que veo el video donde Rodrigo sale del quirófano con Renata en brazos y se la acerca a Eli, me dan ganas de llorar… porque mi flaquita se queda viendo ese nuevo bebé en brazos de su papá, toda desconcertada, con cara de no entender nada, sin comprender que en ese momento nuestra vida estaba cambiando.

Y a veces así la sigo viendo, como esa niña que no sabe lo que está pasando y trata de demostrarlo con sus comportamientos, actitudes y gritos, queriendo llamar la atención de unos papás que antes se dedicaban solo a ella y hoy tienen que atender a dos, y de las dos, ven más tiempo a la que no sabe caminar, apenas tiene un diente y todavía no habla… Elisa es muy inteligente, y aún así es tan chiquita que no alcanza a entender lo que pasa.

Los primeros meses, empezaron las regresiones: a pedir chichi todo el día, a ya no avisar cuando quería ir al baño (lo poco que ya lo hacía), y a hablarnos cuando estábamos con la bebé, incluso hubo una etapa en donde le pegaba a su hermanita, y aunque inmediatamente se daba cuenta de que hizo mal y se arrepentía, lo seguía haciendo.

Ahora el pegarle a su hermana quedó atrás, hoy la adora y dice que es su bebé, ya hace un par de semanas que se destetó solita, y se entretiene viendo videos o jugando cuando tengo que dormir a Renata o darle de comer, está loca por ella, solo quiere estar jugando con ella y se nota que a Renata también le encanta su compañía, tienen una mirada de pícaras y cómplices que sospecho nos harán la vida bastante entretenida.

Sin embargo, el celo sigue presente: grita para llamar nuestra atención, imita las habilidades nuevas de su hermana (cómo aplaudir o saludar), y sobre todo, no quiere nada conmigo… no es que me odie o que nunca quiera estar conmigo, de hecho se pone súper contenta cuando la recojo de la escuela o voy por ella después de trabajar, pero cuando está papá en casa, su atención se enfoca hacia el.


Llegando a la casa le exige que juegue con ella, él le da de cenar, el la baña, solo quiere que él le cambie el pañal, y también el la duerme acariciándola, algo que empezamos a implementar cuando Reno tenía mucho sueño y yo no podía darle chichi primero a Elisa, que se fue haciendo costumbre y ahora así se duerme, acostada con papá, sin pedir la chichi ni los brazos de mamá.

Esto, ahora que lo pienso, es algo que apenas estoy procesando… me daba mucho miedo que nunca dejara la chichi, yo ya estaba muy cansada de darle a las dos, quise hacerlo respetuoso y creo que al final así fue, pues empecé no ofreciendo y no negando, luego ya solo hacía una toma en la tarde y una para dormir, después solo la de dormir, luego me pedía y la distraía con otra cosa, al final nuestras tomas eran solo 10 segundos, yo se los contaba y ella me soltaba sin problema, y de pronto un día, fue el último día sin chichi sin siquiera darme cuenta.

Me estoy poniendo sentimental, por eso luego hablamos de este duelo de lactancia… pero forma parte de este fenómeno donde Elisa está teniendo que crecer y madurar a la fuerza, “solita” por así decirlo al ser la hermana mayor, y aunque tiene muchos desbordes y berrinches, creo que lo está haciendo muy bien y esa es su forma de expresar lo difícil que le resulta este proceso.

Renata por otro lado, la última semana ha traído una mamitis cañona: no me suelta toda la noche, si siente que me levanto llora, si me pierde de vista da de gritos, no quiere que la abrace nadie más que yo… pienso que es por la molestia de que le están saliendo los dientes, y espero que pase pronto porque no he podido ni dormir bien.

Entonces una no puede vivir sin mi, y la otra prefiere a su papá… el apego de una está provocando el distanciamiento de la otra, porque inconscientemente sé que así expresa su enojo Elisa porque me ve tanto tiempo con su hermana, ha de pensar que la prefiero a ella o algo así, cuando no puede estar más equivocada.

Pero así es la maternidad: siempre quieres hacer lo mejor por tus hijos, aunque ellos mismos no comprendan muy bien todo lo o esfuerzo y sacrificio que haces y cree brechas entre las dos, pienso que es normal y espero que vaya pasando, para poder dedicarle a las dos el tiempo que se merecen sin herir susceptibilidades.