• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: Una semana difícil

Tuxtla.- Dicen que la maternidad no es color de rosa, y es lo menos que se puede decir que se acerca a la realidad, si bien yo ya lo sabía, cada que pasamos por alguna etapa difícil me lo repito, y me repito ese mantra de que “hoy no es para siempre” y que “un mal día no define tu maternidad”.



Hoy les escribo desvelada, con dolor de cintura y los ojos hinchados. Y es que la madrugada estuvo pesada, creo que es la segunda vez en toda mi maternidad que me encuentro llorando en la madrugada, queriendo tirar la toalla, sintiéndome insuficiente y mala mamá... en otras palabras, creo que estamos atravesando por un brote de crecimiento o una crisis de lactancia.


Desde que me embaracé de Renata, Elisa ha estado chipi: mas llorona, más apegada a mi y más demandante de pecho, pero anoche no sé qué pasó, que tuvimos una noche fatal, los tres, porque estuvimos dos horas esperando a que se durmiera, y en eso nos anocheció.


En las últimas semanas, Elisa se duerme y no se despierta hasta pasadas las tres de la mañana, y de ahí se está despertando cada hora o cada media hora... hasta pensé que en los últimos días ya se estaba regularizando, pero pasamos una noche fatal.


Se despertó a las 4, pero tenía los ojos como platos, pasaron 10, 20, 30 minutos y no dejaba el pecho, y no parecía tener sueño, tampoco dejaba que Rodrigo fuera ni al baño porque pegaba de gritos, lo mismo si la intentaba separar del pecho... entonces ahí nos tuvo, como una hora los tres despiertos.


Cuando parecía por fin ceder ante el sueño, al quererla acostar empezó a llorar otra vez, no se quería desprender por nada del mundo y seguía comprobando con su otra mano que su papá estaba junto a ella, a mi me entró la desesperación después de la primera hora y empecé a llorar, como aquella noche de su primera semana de vida que pensaba que la lactancia no era para mi.

Fue distinto pero a la vez muy parecido: el sentimiento era el mismo, la desesperación de no estarlo haciendo bien, el dolor y ardor de los senos, el sueño, el cansancio, pero ahora también me sentía enojada, porque no era posible que no me soltara y no se durmiera, y que tampoco entendiera cómo me estaba haciendo sentir, una forma de pensar muy egoísta y también sin sentido, pero al fin producto de mi desesperación.


La primera vez lloraba porque sentía que nunca me iba a salir la leche, que Elisa se quedaba con hambre y que yo ya no podía con el dolor, ahora fue por pensar que nunca voy a poder dormir una noche entera, que Elisa ya casi cumple dos años y sigue dependiendo del pecho, que ya está grande y ya debería haber disminuido sus tomas o eliminarlas por completo, y que aún me faltan años de lactar con la llegada de Renata, que esto no pareciera tener fin.


Me sentí súper mal por haberme desesperado, por apretar los dientes y gritarle a la almohada, por transmitirle mi desesperación a Elisa y también hacerla pasar un mal rato, porque aunque la leche no se afecte, ellos perciben nuestras emociones, y ella sabía que yo no estaba al 100, y lloraba más y más.


Luego de muchos intentos de dormirla en nuestra cama y de pasarla a su cuna, por fin se quedó dormida a eso de las 6, ya estaba aclarando cuando por fin pude cerrar los ojos, aunque también me costó conciliar el sueño. Total que tardé más en poderme dormir, que en ser despertada por una criatura que a las 9 de la mañana ya estaba otra vez pidiendo su chichi, pidiéndola a gritos.


Últimamente todo lo pide a gritos, por todo llora, solo quiere hacer su voluntad, me saca la comida, dice no a todo, quiere bailar Pin Pon y tomar chichi... y entonces me di cuenta de que tengo que respirar profundo, y pedirle a Dios mucha paciencia, porque seguramente está pasando por una crisis o un brote... y los que faltan. Y los que faltan con Renata, también.


Pensándolo en frío, Elisa está a unos meses de cumplir dos años, se acercan los terribles dos, con sus berrinches y rabietas, se viene la regresión del sueño, la crisis de lactancia, y encima de todo ello, está por convertirse en hermana mayor. Quizá son más cambios de los que esperaba o de los que todo niño de su edad pasa, ella no entiende qué está sintiendo y tenemos que ayudarla, ser pacientes y estar ahí para ella, que a lo largo de su vida lo único estable y seguro ha sido su chichi y su trapo, y mamá tiene que estar ahí para ella, sin importar que haya o no haya hermanita.