• ALEJANDRA OROZCO

La aventura de ser mamá: ¡Ya somos cuatro!

Tuxtla.- La semana pasada, les contaba que ya estábamos a pocos días de programar la fecha para conocer a Renata... hoy les cuento que ya está aquí, este domingo 19 de diciembre nuestra familia creció y pasamos de ser tres a cuatro, y hoy Renata ya está con nosotros.



Fue apenas este viernes cuando fui a mi última consulta, el doctor me dijo que todo marchaba bien pero que ya estaba lista para venir al mundo, todavía tenía suficiente líquido amniótico pero era menos que la vez pasada, así que para no pasar una navidad incierta, decidimos programarla para estos días.


Originalmente pensábamos en este lunes 20, pero por agenda del doctor y para que nuestras hermanas estuvieran con nosotros decidimos hacerlo el domingo, así que como podrán imaginar, el sábado fue de locos y nos la pasamos arreglando los detalles de última hora, no dormimos casi nada y el domingo a las 8 ya me estaba internando.


Esta vez fue muy diferente y a la vez tan parecida... yo ya sabía qué iba a pasar, así que la expectativa me ayudó a estar más tranquila y no tan nerviosa, sí estaba ansiosa pero eso es muy diferente... cuando piensas que hay cosas que solo se sienten una vez, la vida te demuestra que estás muy equivocada.


Volver a ser testigo del milagro de dar vida es alucinante, muy a pesar de la canalizada, la ráquea, el someterme a otra operación, oler cómo cauterizan mi piel, todo eso es mínimo, pues cuando escuchas ese llanto y ves esa cara, vuelves a sentirte orgullosa, feliz, llena de amor y de vida, una sensación ya conocida pero que volví a experimentar hasta las lágrimas y que me hizo recordar a Elisa pero también a identificar sus diferencias.


Renata nació el 19 de diciembre a las 10:40 de la mañana, pesó dos kilos 995 gramos, midió 47 centímetros, también tuvo calificación 9 de 9 y ninguna complicación gracias a Dios; yo me sentí menos nerviosa y por eso temblé menos, “disfruté” más el parto y sufrí menos, por lo que mi recuperación está siendo más fácil y menos dolorosa que la vez pasada, aunque yo pensaba que le iba a sufrir más.


Quizá mi mayor angustia es Elisa... y es que ella fue la primera en conocer a su hermana, pero se rehusa a darle un beso y solo se los manda de lejos, de repente se asoma a verla, a veces le dice hermana, a veces le dice “la bebé” o a veces simplemente se da la media vuelta, es notoria la confusión en su carita, más cuando la ve en mis brazos o cuando me ve que no me muevo de la cama, o cuando se fue a casa sin mi, con lágrimas en los ojos, y yo más.


Les escribo esto durante la primera noche que paso sin ella en un año y nueve meses, con el corazón dividido pero segura de que está bien con su papá, aunque muero al pensar que se sienta rechazada por mi, o que no comprenda lo que pasa y piense que no la quiero... sin embargo, se está portando a la altura, y como siempre nos está sorprendiendo con su madurez.



Veo a Renata y pienso en Elisa, estoy con Elisa y no puedo creer que a su lado esté Renata, aún no me cae el 20 pero no puedo estar más feliz de tenerlas a las dos en mi vida, Renata es como esa versión mini de Elisa, la veo y recuerdo mi primera vez como madre, aunque Renata tiene la boca más grande, pero al parecer la misma nariz de papá y los mismos ojos de mamá.


Ya soy mamá por segunda vez... casi no he dormido, y aquí estamos de nuevo intentando un buen agarre con la teta, agendando tamiz y cita con el neonatólogo, controlando el dolor de estar otra vez partida en dos para dar vida, pero con la ventaja de la experiencia y el impulso de ser una gran mamá para dos niñas increíbles que son más de lo que pudimos haberle pedido a Dios, a la vida y al universo.

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