• Annete Lewis

La Columna: No despiertan interés

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Que la Femexfut y sus secuaces que se empeñan en seguir obviando las necesidades de su principal producto. La gallina de los huevos de oro cada vez está más cerca de dar su último aliento, está cada vez más rosando con la desgracia, pero nadie se preocupa por que esa tendencia cambie. Hasta que un día nos quedemos sin mundial.

En el mundo del futbol de nuestra confederación, todo el mundo se sorprende de cómo a México le cuesta anotar, pero se puede dar el lujo de prescindir del delantero más talentoso en la actualidad. No, todos esos que ya piensan en Javier Hernández (que también es inexplicable por qué no está), pero estamos hablando de Carlos Vela, el delantero del LAFC que ha sido el más exitoso de aquella generación del 2005, con 33 años, pero todavía superior al que me quieran decir de la actualidad.

“No le gusta el futbol…”, “Es de comportamiento errático…”, “No tiene compromiso con el Tri…”, dicen por todos lados, entre los medios cercanos a la federación, tratando de hacer a un lado la polémica. Concacaf respira cuando nota que las apuestas van en Raúl Jiménez, qu sigue lejos de su mejor nivel y nadie sabe si lo recuperará; de Hirving Lozano, que parece un llanero solitario tratando de cazar alguna y salvar la tarde y de “Tecatito” Corona, que navega sin conocer su motivación, juega diferente porque, se nota, no tiene bajo su responsabilidad el balón y sin el balón, Corona es un comparsa más.

“Al mundial vamos, pero que feo jugamos…”, deberá ser el lema que distinga al futbol mexicano, a pesar de tener referencias de procesos mundialistas que se lograron “caminando”, la tendencia es que, el nivel en Concacaf es tan bajo que, nos alcanza hasta jugando a la autodestrucción deportiva, sin contar con los jugadores más relevantes, con tal de mantener esa directriz, tener contenta a la nueva generación de futbolistas que ya aprendió a ser comparsa, a formar un club cerrado en el que las declaraciones sin sentido son el argumento perfecto para defenderse y mantenerse “unidos”, al cobijo de directivos que manejan a placer la gallina de los huevos de oro, hasta que se muera la gallina.

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