• Annete Lewis

La Columna: Pasan los días y nada…

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Cuando a alguien se le ocurrió que la Arena Metropolitana debería llamarse Jorge Cuesy, fue evidente que para los sabinistas o la escuela chiapaneca priista, era necesario; el desaparecido político con gran afición para el voleibol tuvo un deceso tan repentino, que poca gente pudo ser analítico en ese sentido. Quizá es poco el debate sobre si debía o no llevar ese nombre, el tema ahora es ya que el mismo escenario no es digno ni de llevar nombre siquiera y miren que, se supone, la UNACH ya debió poner manos a la obra en se escenario.

Pero al tema viene a colación por el fallecimiento de un icono del deporte en nuestro estado, Salvador Anzueto Rosales que este fin de semana recibió merecido homenaje y con él se fue toda una época llena de progreso y logros en una disciplina que elevó el nivel de la natación a dimensiones históricas. Basta con darse una vuelta por las instalaciones de El Delfín y ver una pared que se ubica en el gimnasio, para darse cuenta de lo que ha sucedido en esa institución desde hace 47 años. Incontables campeones.

Seguramente, al interior de la familia Anzueto se deben estar programando las actividades en torno a este lamentable suceso, como buscar la forma en la que el nombre del profesor sea inmune al paso de los años, de las generaciones; sin embargo, los deportistas, los que han estado relacionados a esta actividad, las autoridades y todos aquellos que de manera directa o indirecta, han disfrutado de los logros que dejan los hechos de Salvador Anzueto, deben considerar lo mismo, es ahí donde se trata de inmortalizar un espacio con el nombre de este icono de nuestro deporte.

¿Qué tal si la alberca del Indeporte lleva su nombre a partir de ahora?; no, no consideran que sea merecedor de esa distinción nuestras autoridades estatales, pues bien ¿qué tal la alberca del Parque del Oriente?, en fin, hay tantas formas de poder hacer perdurar el nombra de quien realmente vale la pena, como el profe Anzueto, que cuando uno recuerda aquella facilidad con la que le pusieron nombre a la Arena Metropolitana, bautizándola con el nombre de quien, al final, es uno de los personajes que tuvieron que ver con aquel Fideicomiso del Deporte y a partir de ahí ya uno no entiende cómo funciona este tema del legado de nuestro deporte, en nuestro deporte.

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