• AFP

México pero en especial Chihuahua esta triste e indignado


Hace 5 dias en Chihuahua, dos jesuitas fueron asesinados en un templo del norte de México y sus cuerpos fueron sustraídos junto a otra víctima por personas armadas, las muertes ocurrieron durante una persecución dentro de una iglesia del municipio Urique, en el estado de Chihuahua, quienes tras asesinar a un hombre atacaron a los religiosos; la zona donde ocurrieron los hechos tiene “bastante presencia de la delincuencia organizada”. Ante esta situación obviamente se tiene que pedir y exigir justicia; arropados por los sacerdotes de la arquidiócesis, la comunidad jesuita reclamó justicia por el crimen y para la Sierra Tarahumara, porque no basta con la detención de un líder delictivo, clamaron. La comunidad jesuita de Chihuahua se congregó el día sábado en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, para despedir a sus hermanos, los sacerdotes Javier Campos Morales, el padre Gallo, y Joaquín Mora Salazar, asesinados junto al guía de turistas Pedro Palma en el templo de Cerocahui, en la Sierra Tarahumara. El padre Javier “El Pato” Ávila exclamó en la homilía que ya los abrazos no alcanzan para cubrir tanto balazo. Fue interrumpido con una ola fuerte de aplausos. El provincial de la Compañía de Jesús, Luis Gerardo Moro Madrid, llamó a las autoridades estatales y federales a atender la desigualdad y la pobreza en la Sierra Tarahumara. Ante las múltiples situaciones de asesinatos y delincuencia en el país pide todo México cambiar de estrategia, e incluso la Iglesia católica mexicana llamó al Gobierno a revisar su estrategia de seguridad, tras los asesinatos de dos sacerdotes jesuitas y un guía de turistas. El asesinato de los sacerdotes jesuitas refuerza el llamado a examinar la estrategia de seguridad en México, pues vivimos una ola de violencia histórica: el número de asesinatos en lo que va del sexenio supera las 122.000 personas. El órgano católico señaló que es grande el dolor que dejan sus muertes, “pero más grande es el dolor de saber que son miles de muertos en México”. Además, reprodujo las palabras del representante en México de la Compañía de Jesús, Luis Gerardo Moro, quien dijo que “la sangre de Pedro, Javier y Joaquín se une al río de sangre que corre por nuestro país”. La verdad que México ya se canso de esperar el bendito cambio que hasta ahora no ha llegado, la inseguridad ante las promesas ha empeorado y como siempre son los inocentes quienes pagan las consecuencias. Urge paz y justicia en México, sabemos que esta situación no es de ahorita pero es ahora y hasta el momento que no vemos los cambios necesarios. Si en 72 horas lograron recuperarse los cuerpos de 2 sacerdotes y un laico, y avanzar en las averiguaciones, ¿por qué no hacer esto con tantos y tantos casos impunes?. La verdad es que la promesa de las autoridades de atrapar al asesino de estos sacerdotes jesuitas ya no es suficiente, pues atrapar a un líder del crimen organizado no resolverá la violencia en México. México lo que quiere es una promesa de un mejor futuro, donde reine la paz y la justicia, donde la impunidad sea nula y donde las personas puedan caminar seguras por las calles. Los obispos recordaron que en su más reciente mensaje, los Obispos de México llamaron a un diálogo nacional con el propósito de emprender acciones concretas que construyan este camino a la paz. “Suscribimos este llamado: queremos trabajar en conjunto para construir puentes, dejar atrás la polarización y reconstruir el tejido social en beneficio de un México mejor", finalizó. Sencillamente el gobierno actual debería analizar que nuestros país esta invadido de violencia.

Lo que hay ahorita en el pueblo es tristeza e indignación por lo sucedido con los sacerdotes; eran figuras de autoridad moral, personas que generaban equilibrios en la comunidad. Sin embargo, esos equilibrios que durante mucho tiempo lograron que la violencia no les tocara en forma directa se rompieron el lunes cuando al intentar socorrer a un guía turístico que llegó a la iglesia de la comunidad de Cerocahui huyendo de un sujeto armado, tanto el laico -cuya identidad no se dio a conocer- como los dos religiosos fueron asesinados. No nos queda más que al igual que todos espera la justicia y como dijo el obispo ya basta de abrazos, al menos no alcanzan antes tantos balazos. Pero sería bueno llevar acabo la justicia más bien urge.

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