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  • AGENCIAS

Messi llora en su adiós del Barça

Leo Messi no volverá a vestir la camiseta del Barcelona y esta realidad impensable se hace ya certera alrededor de un Camp Nou todavía incrédulo y en estado de shock desde que el jueves por la tarde el club emitiese el comunicado del adiós.



Agarrados a teorías de toda clase periodistas y aficionados mantuvieron la esperanza que aquel frío comunicado de tres párrafos apenas fuera un capítulo más de la novela... Con el paso de las horas se descubrió que no. No había trampa ni cartón.


"No es una jugada. Leo se va", se explicó desde el club; "Se ha acabado", relató una fuente cercana al jugador. La incredulidad del entorno fue similar desde el jueves a la de Messi. No le dejaron marchar en agosto de 2020, cuando lo intentó de todas las maneras, con más corazón que cabeza y probablemente mal asesorado, y le invitan a irse al cabo de un año cuando su deseo es quedarse.


Se quedó con un presidente Bartomeu con quien no se podía ni ver y se va con Laporta al frente del club. Con el presidente que mejor relación tuvo durante su carrera deportiva... Hasta que pareció no serlo tanto.


Leo se mostró frío y distante con Laporta, a quien se refirió como "el presidente" cuando no "Laporta" a secas, sin ninguna clase de proximidad. Y calló más de lo que habló aunque se le entendió todo en el discurso.


"Yo hice todo lo posible por quedarme y no sé si lo hizo el club", dijo, descarnado, el argentino... Yendo incluso más allá al desmentir que se le hubiera llegado a pedir un mayor esfuerzo. "Después de rebajarme el 50 por ciento no se me dijo nada más. Es mentira que me pidieran otro 30 por ciento como se ha dicho" proclamó, mostrando la sensación de que fuera el club el que no quisiera su continuidad. Por increíble que pueda parecer.

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