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Mujeres con VIH consecuencia de la desigualad


La mujer de por sí sufre de desigualdad, el esfuerzo por avanzar en la igualdad de género y la no violencia contra las mujeres en México, moviliza acciones de coordinación entre diversos organismos públicos y de la sociedad civil. El desarrollo humano de un país no puede alcanzarse si no se tiene en cuenta a la mitad de la población, es decir, a las mujeres. Uno de los factores para avanzar en este proceso es lograr que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades de participación en los ámbitos público y privado, sin discriminación de género. La discriminación contra las mujeres asume distintas formas asociadas con la dignidad e igualdad: por ello, cada vez más los Estados democráticos otorgan mayor interés a la erradicación de la discriminación y la desigualdad por razones de género, ya que se considera un asunto estrechamente vinculado con el desempeño de la sociedad en su conjunto. En México, como en todo el mundo, las mujeres son tratadas por el Estado y la sociedad en conjunto, de manera francamente desigual, sobre la base de una discriminación histórica. Ahora Chiapas, es uno de los estados muy marcados en la desigualdad de genero donde la sufre de desigualdad, sobre todo en la zona altos, en los pueblos indigenas pero ademas existe otra población de mujeres chiapanecas que sufren de desigualdad. Según datos del Sistema de Administración Logística y Vigilancia de Antirretrovirales del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el SIDA (CENSIDA), en 2021 a nivel nacional 23,027 mujeres (20.5%) reciben tratamiento antiretroviral (TARV). La baja prevalencia (0.2%) del VIH entre las mujeres cis-género tiene como consecuencia que no sean consideradas como “población clave”; es decir, un grupo que por sus comportamientos específicos de riesgo son particularmente susceptibles a contraer el VIH. En América Latina, incluyendo México, los dos grupos de población clave más afectados por el VIH son los hombres gais y los hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH), así como las mujeres transgénero. Existen cálculos de que más del 90% de mujeres que viven con VIH en México reportan haberlo adquirido en relaciones sexuales no protegidas con su pareja masculina estable (Bautista, et al., 2015), mientras que 4 de cada 10 hombres afirman que lo contrajeron en relaciones heterosexuales, no necesariamente con sus parejas estables (Inmujeres, 2018). Debido a que la probabilidad de transmisión mujer-hombre en el coito vaginal es mucho menor que en relaciones anales, esta última cifra sugiere la posibilidad de un subregistro de la actividad sexual entre hombres. El estigma dominante hacia el homoerotismo, obstaculiza no solamente la prevención en el sexo entre hombres, sino también la aceptación del diagnóstico de VIH y su apertura hacia sus parejas femeninas estables. Es decir, el riesgo de VIH de las mujeres está más relacionado con las prácticas sexuales de sus parejas que con las propias. Si sumamos a esta problemática de género otras condiciones sociales de vulnerabilidad de las mujeres ligadas a múltiples desigualdades, su situación frente al VIH/Sida toma otra dimensión.

Ante este complejo panorama, a finales del 2020 un equipo amplio e interdisciplinario realizamos una investigación con métodos mixtos con el fin de describir la dinámica de las desigualdades de las mujeres con VIH en el trabajo doméstico y de cuidado, en la accesibilidad geográfica y de movilidad y en la violencia de género para sus posibilidades de acceso a la atención integral y los servicios de salud en Chiapas. Por otro lado, 4 de cada 10 encuestadas habían sufrido algún tipo de violencia, la psicológica con más frecuencia (60%) seguida por la violencia física (31%). Además, la violencia asociada al diagnóstico de VIH fue frecuente en los servicios no especializados de salud y en las comunidades chiapanecas. El análisis del conjunto de los casos paradigmáticos revela cómo las condiciones de pobreza y de desigualdad de género presentes en la vida de las mujeres previas al diagnóstico del VIH se intensificaron ante la adquisición del virus. Es decir, el VIH en situación de pobreza y desigualdad de género produjo mayor pobreza, violencia, discriminación y exclusión para las mujeres.