• AFP

No hay atención a la salud gratuita, pero si privatización


Uno de los pilares fundamentales del discurso de esta administración es la terminación del régimen neoliberal en el que, según el presidente, vivimos durante más de 30 años (1982-2018). Ese modelo económico, a grandes rasgos, promueve que se deje en manos de particulares el mayor número de actividades económicas posibles, limitar el papel del Estado en la economía, reducir el tamaño de la burocracia y el gasto público, así como la apertura de fronteras para mercancías, capitales y flujos financieros. En pocas palabras, el neoliberalismo busca que derechos como la educación, la vivienda o la salud sean ejercidos primordialmente vía los servicios privados. En el ámbito específico de la salud, de acuerdo con López Obrador, los gobiernos anteriores implementaron políticas que buscaban la privatización del sector. En México el acceso a los servicios de salud está anclado en la condición laboral, debido a que si se labora dentro de la formalidad se tiene a acceso a instituciones de seguridad social (IMSS e ISSSTE son las más comunes). En cambio, si el empleo se realiza en el sector informal, el acceso a la salud no está garantizado. Para atender a dicha población, que hoy en día oscila entre los 50 y 60 millones de mexicanos, existía el Seguro Popular desaparecido por este gobierno para ser sustituido por el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), con la promesa de gratuidad y acceso universal. Por desgracia, los resultados hasta el momento se encuentran muy lejos de la universalidad y a años luz de la gratuidad o en su defecto al decremento de los costos para obtener atención médica. Por el contrario, existe evidencia robusta que muestra cómo el papel del Estado en la salud ha disminuido considerablemente. Con base en los más recientes datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut), presentada por el Instituto Nacional de Salud Pública, el 54 % de la población mexicana recibió atención médica en servicios privados y al observar específicamente a la población sin seguridad social, el porcentaje se eleva a 66 %. Hace apenas una década, esas cifras estaban en 38.9 % y 31.1 %, respectivamente. Cuando hablamos de servicios privados comúnmente imaginamos grandes hospitales, pero la realidad indica que más de la mitad de esos servicios se brindan en pequeños consultorios particulares y en los ubicados al lado de las farmacias. Otro dato relevante es que el llamado “gasto de bolsillo” (que mide la proporción del gasto que las familias destinan a solventar los distintos requerimientos para atender la salud) ha aumentado en 40 % en los últimos cuatro años, pero en las familias más pobres de nuestro país el gasto en este rubro se elevó en 68.3 %. Los principales motivos, de acuerdo con el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, son por falta de personal, por unidad cerrada o porque simplemente se negó el servicio. La Ensanut, también mostró la terrible caída en la vacunación infantil, ya que en 2021 solo 3 de cada 10 niños de entre 1 y 2 años recibieron su esquema completo de vacunación que evita enfermedades como tuberculosis, hepatitis B, difteria, tosferina, tétanos, poliomielitis, influenza, etc. En tanto que la cobertura en 2012 alcanzó el 80 %. Imaginemos cuántos padres, en el mejor de los casos, tuvieron que conseguir las vacunas para sus hijos en el sector privado o que simplemente no pudieron conseguirlas.Todo lo anterior no extraña al observar los recursos invertidos en el sistema de salud público mexicano: la evolución del gasto en salud ha decrecido 2 % en términos reales de 2016 a la fecha, mientras que de 2004 a 2015 se incrementó en alrededor de 75 %.

La llegada de un gobierno que prometió gratuidad y acceso universal no rompió la tendencia decreciente en el gasto gubernamental destinado para salud, implementado por la administración pasada, que es considerada por la actual como “neoliberal”. Por supuesto que la emergencia sanitaria por Covid-19 alejó a una gran cantidad de mexicanos de los servicios públicos por miedo a contagiarse o porque la reconversión hospitalaria redujo la oferta de los mismos. Pero la desaparición del Seguro Popular, la destrucción del sistema de abasto de medicamentos y la austeridad en el sector salud han debilitado la idea de una cobertura universal de salud ofrecida por la actual administración. De modo opuesto, lo que desgraciadamente ocurrió es que los costos de la atención médica se transfirieron a los hogares, algo que ni el más ambicioso programa “neoliberal” había conseguido.

Entradas Recientes

Ver todo