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¿Podría Chiapas dejar de ser el estado más pobre?


Ayer hablábamos sobre nuestro México, que en realidad no vivimos en un país pobre, sino que vivimos manteniendo a una política millonaria. Pero hoy no vamos a hablar de ello, sino del estado más pobre de México, sí Chiapas. Chiapas es el estado con mayor porcentaje de población en situación de pobreza, pero no solo Chiapas, más bien son los estado de la zona sur-sureste de México, porque aunque lo nieguen existe una gran desigualdad entre los estado del norte del país.

Chiapas registra elevados índices de pobreza y marginación, lo que ha derivado en tasas de analfabetismo y desnutrición infantil muy por encima del promedio nacional. En los últimos años, la pobreza se ha agudizado debido a las políticas neoliberales que han provocado un estancamiento sostenido de la economía nacional y con terribles consecuencias en el estado de bienestar de los mexicanos.

En ese sentido, Chiapas ha quedado rezagada en cuanto a desarrollo económico. En medio de la pandemia, Chiapas sigue apareciendo como el único estado en semáforo verde, muchos dicen que podría ser el único estado que en cuestión del turismo le podría estar yendo bien pero no es así, incluso los empresarios y hoteleros piden no cambiar de semáforo porque vendría a empeorar las cosas.

Recordemos que nuestro estado se anexo a México en 1824, Chiapas como entidad política, quedó unido a México.

Este suceso era parte de la fragmentación de Centroamérica y que había que analizarlo desde esa perspectiva. Es así no sólo porque es lo que ocurrió sino porque es la explicación de un Chiapas que es parte de la Comunidad Política Mexicana pero también de la Comunidad Cultural Centroamericana. Lo que se fragmento fue una Comunidad Política, la Centroamericana, que dio origen a los actuales Estados Nacionales a los que se agregó Panamá como una escisión de Colombia. Es una historia muy importante que debería ser analizada en nuestras aulas. A raíz de esos acontecimientos, Chiapas quedó configurado como un estado de la Federación de Estados Unidos Mexicanos y pasó a ser la parte más extensa de la Frontera Sur de México con Centroamérica. Pero también se quedó como un “territorio de reserva” del Estado Nacional Mexicano. Es decir, los recursos de Chiapas quedaron subordinados a los intereses del Estado Nacional Mexicano, lo que trae consecuencias importantes. Así, hablando en términos de “desarrollo”, lo que ha sucedido es que los recursos de la entidad se pusieron al servicio de México sin pensar en la población local. Es una subordinación ominosa que ha permanecido a lo largo de los siglos con consecuencias que hoy se verifican a través de estadísticas que el propio Estado Nacional Mexicano produce.


En este año de 2021 el estado de Chiapas tiene 5. 946, 989 habitantes distribuidos en 20,000 localidades situadas en 118 municipios. De ese número total de habitantes, 957, 255 se reconocen como “indígenas”, es decir, el 26% de la población. En general, los índices de pobreza alimentaria son desastrosos en Chiapas y se concentran entre los pueblos indígenas. Chiapas está al borde de una fragmentación total de la población mientras la brecha entre quienes todo lo tienen y los que nada poseen se agranda.

Los recursos de Chiapas mueven a la industria nacional a través de la energía eléctrica que se produce en las hidroeléctricas construidas en territorio chiapaneco. El gas producido en Chiapas es útil, sí, pero fuera de la entidad. Las remesas que envían los trabajadores chiapanecos, la mayoría indígenas, que permanecen en los Estados Unidos, financian lo que debería financiar el estado Nacional. A cambio, no existe avance en el bienestar de la población indígena de Chiapas. Es más, un porcentaje importante del territorio chiapaneco que quizá alcance al 25%, no tiene servicios eléctricos de calidad, mientras que la energía producida en Chiapas beneficia a otros sectores de la población mexicana. La solidaridad está muy bien, pero no la desidia, la indiferencia hacia las necesidades locales.

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