top of page
  • EFE

Rusia combate en Ucrania mientras se dispara la tensión en el espacio postsoviético

Moscú/Leópolis.- Rusia intenta frenar la contraofensiva de Ucrania en el este y sur de ese país, y observa con inquietud cómo se reavivan algunos conflictos "congelados" en el espacio postsoviético.


"El adversario (....) intentó avanzar sin éxito en las inmediaciones de Myroliubivka, Mala Seiydemynukha y Bilohirka de la región de Jersón. Las unidades de las FFAA rusas repelieron todos los ataques", dice el parte difundido este domingo por el Ministerio de Defensa de Rusia.

A la vez, según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), la mayor parte del noreste de Ucrania bajo control de las tropas rusas sigue "altamente vulnerable" a las continuas contraofensivas ucranianas.

Los analistas del centro opinan que es posible que Moscú haya decidido renunciar a la defensa de estas zonas para priorizar la protección de las ganancias territoriales en el sur.

El ISW admite que esta estrategia "tiene sentido", puesto que las regiones sureñas de Jersón y Zaporiyia son un terreno "clave" tanto para Rusia, como para Ucrania, mientras las "áreas agrícolas escasamente pobladas en el noreste lo son mucho menos".

Rusia necesita además consolidar sus ganancias en el sur si desea mantener el control terrestre del Donbás hacia Crimea, anexionada en 2014.

Según un informe de la inteligencia de la OTAN, citado por medios ucranianos, las hostilidades están lejos de terminar, pese a la exitosa contraofensiva de Ucrania en el este y la presión sobre las tropas de Moscú en el sur.

Ni los rusos, ni los ucranianos renuncian a sus objetivos político-militares y "es poco probable que alguna de las partes consiga una victoria contundente", dice el documento.

SE REANUDA EL CONFLICTO ARMENIO-AZERBAIYANO

Y mientras Rusia concentra sus esfuerzos militares en Ucrania, comienza a arder el espacio postsoviético, donde dos conflictos enquistados volvieron esta semana a poner a sus protagonistas al borde de una guerra abierta.


En la madrugada del 13 de septiembre, Armenia denunció un ataque azerbaiyano contra su territorio y acusó a las fuerzas enemigas de bombardear infraestructuras civiles en las regiones fronterizas. Bakú negó ataques a civiles, pero sí admitió haber comenzado una operación para prevenir una "provocación a gran escala" de la parte armenia.

Así se reanudó el conflicto entre estas dos repúblicas exsoviéticas, enfrentadas por el control del territorio de Nagorno Karabaj desde hace casi tres décadas.

A la vez, en esta ocasión, las hostilidades tienen lugar lejos del enclave, reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán, pero poblado por armenios étnicos.

Los combates estallaron en la frontera armenio-azerbaiyana y Ereván, que denunció la ocupación de 10 kilómetros cuadrados de su tierra, pidió ayuda militar a Rusia, con la que tiene un tratado de amistad mutua, y la alianza postsoviética de la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva), que envió una misión para conocer la situación sobre el terreno.

Varios expertos y políticos rusos destacaron que la presente escalada en la zona no es casual, pero insistieron en la necesidad de zanjar el conflicto a través del diálogo.

bottom of page