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Se nos fue el Príncipe


Se debe reconocer y remarcar con mayusculas a todo personaje que ha abonado a la historia y a la cultura de nuestro país, sin lugar dudas El Principe de la canción no solo marco épocas sino que también marco la diferencia, que además llevo a los rincones del mundo el sentir de un pueblo mediante la música.

Pocos interpretes musicales pueden jactarse de ser tan trascendentales como José José lo fue, muy pocos logran el éxito, la relevancia, y sobre todo, la inmortalidad que este artista logró en el corazón popular de su propio país, e incluso fuera de él. Fue tanta su luz, que incluso traspaso las brechas generacionales que muchas veces cercan la inmortalidad de un artista, su leyenda nació el 15 de marzo de 1970, con la participación en la ya extinta OTI, donde si bien obtuvo un polémico tercer lugar interpretando “El Triste”, de Roberto Cantoral, fue el único de los participantes que se llevó la aclamación de propios y extraños, sellando así su triunfo y el inicio de su exitoso futuro…

Hasta hace unos días apenas despedíamos a otro grande de su época, amigo y compañero suyo; Camilo Sesto, autor del éxito “Si Me Dejas Ahora”, que en palabras del propio español: “José fue la clave para el éxito de la canción”.  “El Rey Sin Corona” perteneció a una generación de cantantes que popularizaron la balada romántica, cantarle al amor, pero sobre todo al desamor, fue lo que caracterizó a José José. Un México de los 70’s, con crisis, “Halconazos”, la implementación de las familias monoparentales, la revolución del sexo y devaluaciones constantes, vivía sus tristezas con la voz de José José, de fondo, y con una o varias botellas para ahogar las penas, todas. Desde el más obscuro dolor, la más fría nostalgia, hasta la más optimista vista de la vida y del amor. Se volvió cotidiano enjuagar las frustraciones con alcohol, llorarlas, reírlas, revivirlas, y contemplarlas en una franca resignación que daba origen al circulo vicioso de emociones que hasta la fecha persiste en la idiosincrasia mexicana, solo que con nuevos elementos a la ecuación y el incremento del uso de sustancias estupefacientes. 

José José creció en el siglo XX, pero poco a cambiado hasta entonces, muchos mexicanos, genios o no, se han ido o mermado su fuerza y lucidez gracias a los vicios, algunos incluso sin descubrir que son genios. Al igual que “El Triste”, muchos niños y niñas crecen en un ambiente de hostilidad donde reina la adicción y esta ausente la educación, donde la precariedad se difumina con una botella, lata, disolvente, hierba o lo que sea que pueda nublar la conciencia por un instante, donde en lugar de que la música y las reuniones familiares signifiquen armonía, paz, y tranquilidad, significan un pretexto para sacar frustraciones y rencillas sin resolver, donde los recuerdos se hacen traumas, y donde no hay lugar para la infancia: el niño se tiene que hacer un hombre y la niña una mujer, así aun tenga dientes de leche.


José José fue uno de los últimos denominados “Hijos del Pueblo”, aquellos seres casi mitológicos merecedores del amor y protección de su público, no solo por su talento, sino también por los orígenes humildes que poseía y la sensibilidad humana que permitía una conexión muy íntima con quien lo escuchase, logrando una empatía tan difícil de lograr en estos días, razón por la cual en esta era los “Hijos del Pueblo” están en peligro de extinción. Ahora, se tiene la idea de que, para ser Ídolo, hay que parecerlo e incluso obligar a que la gente lo crea, asegurarse de verse políticamente correcto con las tendencias y hasta vestirse según la moda (renunciando al criterio propio), razón por la cual lo que un día son alabanzas en Twitter, mañana son críticas, o en el mismo día, pero con Hashtags que confirmen uno, o lo otro. Por esa falta de alma en él arte, aunque en la actualidad exista mas variedad de música, se sigue recurriendo a los viejos conocidos en nuestro idioma, que sufren como nosotros, que lloran como nosotros, que ríen y aman como nosotros, con el parte una generación que trataba de no ser hipócrita con sus sentimientos, o por lo menos no lo escondían en un falso cinismo,

Nos deja como legado su música y la sensibilidad con la que, hacia sentir cada letra, con él se cierra otro capitulo de la historia musical de México, se fue José, se fue ese México, se nos fue el príncipe.

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