• ALEJANDRA OROZCO

Tengo dos niñas chiquitas

Tuxtla.-Cuando algún conocido, entrevistado o alguien que conozco de manera ocasional me pregunta si tengo hijas, eso les digo: tengo dos niñas chiquitas, y la frase va seguida de a) una cara de sorpresa o b) una cara de compasión, esto en la mayoría de los casos, porque hay a quienes no les hace ni mella.


Desde luego, a muchos les resulta una sorpresa que haya tenido dos niñas en tan poco tiempo, o que antes de mis 30 ya tenga dos, hay quienes hasta me preguntan si me voy a animar por el tercero, o si vamos a buscar al “varoncito”.

Pero también están los del otro bando, los que me quedan viendo con compasión, y esto es quizá porque también son papás de niños que se llevan poquito y entienden por lo que estoy pasando, siento que esas miradas son una palmadita en la espalda o un gesto de empatía, lo malo es que a veces de ahí me agarro y me empiezo a desahogar.

Que si es una chinga, que si todavía no duermo, que si el dinero se nos va en pañales y toallitas, que si siempre se enferman juntas, que si las dos son demandantes y no tengo tiempo para nada, que si cómo le hago con el trabajo, son los comentarios más comunes que recibo.

Aunque también me dicen que se están criando juntas, que ahí van a ir saliendo las dos, que pasando esta etapa todo se aliviana y vamos a ir pasando casi al mismo tiempo por todo, que es lo mejor para ellas y que se van a llevar muy bien, y ahí es donde les digo que ese era el plan de aventarnos el paquete tan rápido.

La realidad es que ser mamá de dos niñas es muy pesado: una apenas está empezando a pararse y no se le puede dejar sola, la otra en cuanto nos ve con su hermana empieza a aventar las cosas, cuando la grande llora la otra la imita, Elisa empieza a pedir que se le cargue, que se le dé Gerber, que se le trate como bebé, y si no lo hacemos se pone a gritar.

De la dejada de pañal ni hablamos… porque volvió a usarlo desde que entró a la guardería, solo avisa cuando se acuerda, pero la maestra nos dijo que una vez que el grupo agarre confianza empezarán el proceso de control de esfínteres para que en diciembre ya lo hayan dejado, ver el ejemplo de unos y otros los va motivando en “manada”.

Pero por otro lado, no puedo explicarles cómo me siento cuando las veo juntas, cómo se buscan una a la otra, cómo se hacen reír, la carita de emoción de Elisa al ver a su hermana y la respuesta de ella, sus ojitos, sus cachetes todos emocionados solo con oír la voz de su hermana, es magia pura verlas y ver cómo se hacen reír y platican a su manera, que solo me puedo imaginar cómo van a ser de unidad cuando ya estén grandes.

A veces pienso que nos faltó analizar mejor todo el contexto antes de aventarnos a la segunda hija… pero luego las veo y sé que Dios todo lo acomoda en el mejor momento, y no podemos hacer más que estar felices de que Reno haya llegado, a completar a esta familia de cuatro que se hace bolas, pero ahí la lleva.

Ahora que comenzaron las clases y hay niños enfermos por doquier (que por cierto, otra vez Renata tiene gripa y nos contagió a Rodrigo y a mi) se encendió el debate con otras mamás, sobre si hace falta empatía o conciencia; empatía con las mamás que trabajan y no pueden ausentarse por cuidar a los niños en casa, o conciencia para no llevarlos a la escuela y cortar la cadena de contagio.

Yo creo que lo que hace falta es empatía pero no solo entre nosotras, sino por parte de la mayoría de los empleos donde se piensa que tener un hijo es un privilegio que te da beneficios, cuando al contrario, es una responsabilidad más y es alguien que totalmente depende de ti.

A veces no es cuestión de que nosotras decidamos quedarnos con ellos, sino que a veces no hay de otra, no hay quien los cuide, no hay quien los atienda, y aún así siempre buscamos la manera de cumplir con el trabajo y con el rol de mamá. Pero se ha puesto tanta expectativa sobre nuestros hombros, que me hace mucho sentido una frase que leí por ahí: se espera que las mujeres criemos a nuestros hijos como si no trabajáramos, y que trabajemos como si no tuviéramos hijos, cuando el chiste es tener un equilibrio entre ambas cosas, que son fundamentales en nuestra vida.