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El orgullo, lo que más nos duele

08/08/2019

El Sie7e de Chiapas

 

LAKSHMI Y CÉSAR

•La tercera de las máscaras es la que a veces nos domina

 

Tuxtla.- Hemos llegado a la tercera de las máscaras, un tema súper duro, pues todos hemos estado en esa posición… mucha gente cree que el miedo o la vergüenza pueden ser más dolorosos pero a ellos los sostiene el orgullo.

 

Con frases como “el hambre me tira pero el orgullo me levanta”, “los hombres no lloran” o “llorar es de niñas”, Lakshmi y César hablan de que el orgullo nos enseña a ocultar nuestras emociones, pues es aplastante, y difícil de quitar.

 

“Hay dos tipos de orgullo, está el orgullo positivo de quién eres y qué has logrado, estar orgulloso de tus amigos, en cambio el negativo es el aplastante, el que no te deja crecer, ver la verdad y disculparte, por ese orgullo decimos que algo nos vale, que no sentimos nada”, dijo Lakshmi.

 

Todas las máscaras son hasta cierto punto necesarias, porque tienen un lado positivo, nos ayudan a subsistir, a salir adelante, el orgullo también nos impulsa, pero muchas veces les damos todo el poder y ahí es donde esas máscaras nos dominan.

 

Esta es una de las máscaras más difíciles y dolorosas porque trae muchas cosas atrás, sientes que pierdes la vergüenza, se van a burlar de ti, y por orgullo no aceptas que te sientes solo, culpable, que no eres suficiente, y te orilla a hacer cosas no tan acertadas.

 

“Cuando yo empecé este camino de crecimiento espiritual fui muy orgullosa, siempre negaba lo que sentía o me pasaba, me daba igual, pero detrás claro que me importaba todo, a veces sí nos duele nuestro cuerpo, nuestra cara, nuestra ropa; tenemos que aceptar por qué nos rechazamos pero no desde el orgullo, una parte de mi se sentía abandonada”, nos cuenta.

 

Y es que los padres de Lakshmi la regalaron con sus tíos a los pocos días de nacida, a los 12 años se dio cuenta y dijo que le daba igual, con tal de que nadie se enterara. “Fue un dolor muy grande, tuve que tener humildad pues una parte de mi se sintió rechazada, abandonada, a pesar de tener padres adoptivos maravillosos, me sentía rota y no lo aceptaba”.

 

Al final, logró perdonar, entender y amar a sus padres biológicos, entendió que ella no era quién para criticar, pues después de todo le dieron una familia maravillosa; una parte de ella misma aceptó que estaba amargada, enojada con la vida, con todo mundo, hasta que dijo basta; nunca aceptó que se sentía rechazada, abandonada, y todo ese dolor era su forma de ser con la vida.

 

“Este orgullo se vuelve vanidoso, dicen que la sangre llama pero detrás de eso había mucho dolor porque quería conocer a mi verdadera familia, aunque tenía a los hermanos con los que me crié, siempre vemos lo que no tenemos o carecemos en vez de agradecer lo que sí tenemos”.

 

Y es que si hay orgullo, nada nos rinde, para que todo circule tienes que soltar, rendirte, ser humilde para aceptar que hay dolor, rechazo, tener paciencia en vez de orgullo y saber que todos valemos mucho, que todos valemos lo mismo; querer sentir que vales más es una pérdida.

 

Una cosa es valorarte y hacerte responsable de tus actos, aunque también necesitamos reconocer que muchas veces necesitamos ayuda, el equilibrio o simplicidad es la clave para rectificar y ver qué hemos logrado, si bien muchas veces te levanta el orgullo, eso te hace ser duro contigo.

 

César nos compartió una anécdota: “Hace algún tiempo, la situación económica no estaba tan buena y en eso se me descompone mi carro, no quise decirle a nadie, el orgullo me hizo no pedir ayuda y decidí andar en bicicleta, yo decía que era para hacer ejercicio, ahí usé mi orgullo positivo en vez de amedrentarme, aunque cometí el error de no pedir ayuda”.

 

Como en todo, tiene que haber un punto medio, pues a veces ni tú sabes quién eres por el orgullo; de esta forma, seremos una sociedad mejor si hacemos lo que sea correctamente necesario, de manera simple, sin que nos dé miedo hacer las cosas, ni vergüenza solo porque la sociedad lo dice.

 

Así terminamos con las primeras tres máscaras, la próxima semana hablaremos de las emociones: abandono, rechazo y culpa, comenzando por el abandono, de la voz de nuestra pareja explosiva e irreverente.

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