top of page

ALGO MÁS QUE PALABRAS

  • VÍCTOR CORCOBA
  • hace 22 horas
  • 3 Min. de lectura

LA FELICIDAD RADICA EN EL ESPIRITU RECONCILIADOR



“La quietud llega, precisamente, como fruto de un constante cultivo moderador; lo que nos lleva a pensar que tenemos que ejercitar continuamente el espíritu apaciguador, con nosotros mismos, con los demás y con aquello que nos rodea y acompaña”. 

El júbilo es un objetivo humano primordial y maravilloso; sin embargo, no hay obligación que descuidemos tanto como el deber de caminar aplacados. En consecuencia, puede ser un buen deseo trabajar en estas fechas, en las que despunta primavera repoblada de versos y poblada de sueños, en un poderoso catalizador de diálogo y concordia. Indudablemente, cuando nos adentramos en nuestros interiores místicos, observamos que el bienestar no es un ideal de la razón, sino de la contemplativa conciliadora del poema y la palabra, a degustar por los labios del alma, que son los que verdaderamente nos trascienden, con el descanso de la pena y los dolores. De ahí lo importante que es descender a las profundidades de uno mismo para lograr un cambio de visión y una mutación del ser. 

 

Lo horroroso de esta humanidad, que se ha globalizado, pero no hermanado; es que nos afanamos en buscar con el mismo brío el individualismo, volviéndonos radiantes egoístamente e impidiendo que los restantes lo sean. Desde luego, si queremos promover una gozosa armonía humanitaria, hemos de comenzar por extenderla a todos, comenzando por nuestras propias familias, para continuarla después, a través del compromiso y la determinación de la comunidad internacional con el bien común, que sobrepasa fronteras, tradiciones religiosas y culturas. Todo esto requiere, asimismo, de una colaboración interdisciplinar sistemática, reuniendo instituciones y uniendo sus diversos quehaceres, para lograr atmósferas de entendimiento.

 

Está bien que cada uno goce al máximo de la tranquilidad que pueda, pero sin disminuir la placidez de sus análogos. Ojalá aprendamos a reprendernos. La quietud llega, precisamente, como fruto de un constante cultivo moderador; lo que nos lleva a pensar que tenemos que ejercitar continuamente el espíritu apaciguador, con nosotros mismos, con los demás y con aquello que nos rodea y acompaña. Unidos a estos sentimientos de entrega total, sin interés alguno, es como la alegría entra en el corazón y nos engrandece. En cambio, si se hace de la prosperidad un ídolo, uno se equivoca de horizonte y es difícil reencontrarse y hasta quererse. Esta es la propuesta de algunas gentes que ponen la mentalidad en la búsqueda del placer a toda costa y en la difusión del uso de drogas como evasión.

 

Por otra parte, la paz no se puede construir sólo a través de la geopolítica. Necesitamos una avenencia más inclusiva, también más humana y precisamos a los jóvenes para construirla. Bajo este oleaje, más celeste que terrícola, nada está de ningún modo consumado. Basta un poco de complacencia para volver a resurgir. Lógicamente, nosotros queremos transitar satisfechos por aquí abajo. Al fin y al cabo, todo parte del corazón, nunca de la riqueza, ni de la gloria humana o el poder, por útil que sea. Sólo hay dicha donde habita la virtud y reside el esfuerzo serio, pues la vida no es un juego, es un ejercer el paso como poeta en guardia permanente. Así, lo que nos llena de optimismo, es una plenitud existencial sustentada en el amor, la esperanza y el servicio. 

 

No hay que desesperarse, las personas felices se quedan sin historia. Está visto que el querer lo es todo en la vida. En este mundo, cada persona, tiene su sitio; lo importante es ayudarse entre sí, hacer risueños a los otros y no hacerlos desgraciados. Para conseguirlo, laboremos el aprecio en nuestro caminar diario. Tampoco hay felicidad, sin fidelidad, ni conversión. Sea como fuere, no hay mejor transformación que dar vida y amor, sin cesar. En todo caso, si en verdad queremos ser encantadores, también lo seremos. Es la voluntad, la que mueve pesares y seca el cauce de las lágrimas, la que vive el presente y desea ser agradecido, aprendiendo a perdonar los errores de los análogos y los nuestros propios. No olvidemos jamás que, un acto de caridad, es por sí mismo un acto de salud. 

 

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

Comentarios


251128 950x125.jpg
Mundial 2026.jpg
R7 950x125 2026.jpg
251128 950x125.jpg
2026 VM.jpg
¿TIENES ALGUNA DENUNCIA O ALGO QUE CONTARNOS

Gracias por tu mensaje

EL MEDIO DE TODAS LAS VOCES

El Sie7e de Chiapas es editado diariamente en instalaciones propias. Número de Certificado de Reserva otorgado por el Instituto Nacional de Derechos de Autor: 04-2008-052017585000-101. Número de Certificado de Licitud de Título y Certificado: 15128.

Calle 12 de Octubre, colonia Bienestar Social, entre México y Emiliano Zapata. C.P. 29077. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Tel.: (961) 121 3721 direccion@sie7edechiapas.com.mx

Queda prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de esta casa editorial y/o editores.

NAVEGA

¡SÍGUENOS!

  • Facebook
  • Instagram
  • Twitter
  • YouTube
Imagen de identidad blanco.png

© 2026. DISEÑO WEB Y PRODUCCIÓN MULTIMEDIA   |  www.ideasdementes.com

bottom of page