Control de esfínteres, proceso de paciencia
- ALEJANDRA OROZCO
- 7 sept 2020
- 2 Min. de lectura
Tuxtla.- Uno de los temas más controvertidos cuando hablamos de crianza es cuándo hacer que el niño o niña deje el pañal, lo cierto es que no lo hará hasta que esté listo para hacerlo, y como papás solo queda la paciencia.

Belén Coello, especialista en neurodesarrollo, señala que cada bebé tiene su ritmo y no podemos forzar ni obligar a uno u otro a realizar prácticas que no se siente capaz de hacer, una de las claves de la crianza respetuosa.
“Podemos dividir este proceso en tres fases: la primera, donde el bebé ya identifica lo que es pipí y popó, es muy importante el manejo de texturas para identificar cuando está limpio y sucio, esto sucede del año y medio a los dos años”, describió.
Sin embargo, no empiezan a identificar este proceso fisiológico hasta a partir del año y medio (segunda fase), mientras que lograr el control total de esfínteres les lleva de los 2.7 a los tres años, hablando ya de un proceso dominado o una tercera fase.
“Yo les recomiendo ser respetuosos en la crianza y el neurodesarrollo, no obliguen al bebé a avisar, ellos tienen que experimentar el proceso de estar limpios o sucios, celebren sus logros y no corran a limpiarlos”, añadió.
En la segunda fase, que es cuando ya avisan para ir al baño, es más práctico utilizar el pañal entrenador, incluso algunos lo logran antes de los tres años, pero cada bebé tiene su ritmo y eso es lo que hay que entender.
“Como todos los procesos del ser humano, puede haber factores detonantes para que un bebé no controle sus estímulos, por eso es importaste cuidar la salud mental y emocional de los pequeños, cuidar que se desarrollen en un ambiente sano rodeados de amor”, puntualizó.
Neurológicamente, los niños suelen estar preparados para dejar el pañal entre los dos y los tres años de edad, algunos incluso antes, y otros después; normalmente pueden controlar el popó hacia los dos años, el pipí diurno entre los dos años y medio y los tres años, y el pis nocturno pueden tardar un poco más.
Ciertas señales muestran su maduración neurológica y física, como el empezar a pedir ir al baño, o da señales de que quiere quitarse el pañal cuando está mojado; cuando va a hacer pipí o popó hace gestos o señales, se agacha, da muestras de que sabe lo que está a punto de ocurrir aunque tenga pañal.
También cuando dice a menudo palabras como pipí o popó para nombrar sus excrementos, muestra interés cuando nos ve ir al baño y nos imita; aguanta tres o cuatro horas sin hacer pipí, lo que nos informa de que los músculos de su vejiga se están fortaleciendo.
Por otro lado, el control de esfínteres suele comenzar tras un salto físico y emocional del niño, suele tener ya bastante equilibrio e incluso es capaz de correr, entiende las órdenes sencillas y su vocabulario se ha ampliado. Sin embargo, el momento de dejar el pañal no es un día, sino un periodo sensible, que cuando llega, los padres ponemos en marcha la otra parte: el aprendizaje.








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