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Cuántos olores podemos detectar según la ciencia

Redacción Internacional.- El olfato es uno de los sentidos al que menos le prestamos atención, hasta que nos falta y nos damos cuenta qué necesario es. No tenemos en cuenta cuántos olores percibimos, y para cuántas cosas nos sirve poder diferenciarlos.


Es gracias al olfato que podemos identificar amenazas como el humo, o una pérdida de gas; también evitamos comer alimentos en mal estado porque percibimos su fuerte aroma. Pero no ha sido fácil identificar la cantidad de olores que podemos percibir, como se pueden distinguir, por ejemplo, los colores que vemos.


A partir de la pandemia de coronavirus el tema del olfato ha tomado gran relevancia, y se han difundido diversos estudios al respecto. Se sabe que olemos gracias a una serie de proteínas que hay en el interior de las fosas nasales, que son los receptores de los olores de las distintas sustancias.


Los mamíferos pueden expresar hasta mil proteínas diferentes, que identificar una molécula concreta y diferente cada una. Pero no podemos comparar nuestra capacidad olfativa con la de un sabueso, por ejemplo, aunque ambos seamos mamíferos.



Además, esas mil proteínas se combinan entre sí formando más olores distinguibles. Pero hay cerca de 10 mil combinaciones, lo que hace muy difícil enumerarlas y definir con precisión cuantos olores podemos reconocer. Hasta ahora, sólo se ha agrupado los olores en categorías básicas. Así como los sabores son dulce, salado amargo etc., los olores son:


  • Fragante o floral

  • Leñoso o resinoso

  • Frutal o cítrico

  • Mentolado o refrescante

  • Dulce

  • Quemado o ahumado

  • Cítrico

  • Podrido

Esta categorización resulta muy básica e insuficiente, y en cada una de estas categorías hay infinidad de variables que hacen que sea imposible determinar una cantidad exacta. Por ejemplo, los cuantos olores frutales hay: la mayoría de las frutas pueden identificarse fácilmente, ya que no es igual el olor de la mandarina al de melón.


Además, el olfato se puede adiestrar, para que nuestro cerebro esté más atento a las señales y los estímulos para poder individualizarlos. Un ejemplo de que podemos llegar a utilizar nuestro olfato casi como los perros, es el olor de los bebés, que sus madres, aunque no lo sepan, generalmente pueden individualizar.