El Cerebro: aventura, geología y naturaleza viva a minutos de Tuxtla
- NOÉ JUAN FARRERA
- hace 1 día
- 2 Min. de lectura
Sobre la carretera que conduce a Ocuilapa, en el municipio de Ocozocoautla de Espinosa, se localiza un sitio tan imponente como misterioso: un complejo de estructuras rocosas de color gris oscuro que emergen en el paisaje como verdaderos monumentos naturales. Su tamaño y forma permiten apreciarlas desde la distancia, ofreciendo un espectáculo poco común que despierta la curiosidad de quienes transitan por la zona.

Conocido por los habitantes locales como “El Cerebro”, este espacio debe su nombre a la peculiar morfología de sus formaciones geológicas, cuyas ondulaciones recuerdan a la superficie del órgano humano. Se trata de un sitio con millones de años de antigüedad que se extiende por poco más de dos mil hectáreas, convirtiéndolo en uno de los paisajes naturales más singulares del centro de Chiapas.
El acceso a El Cerebro se realiza únicamente mediante reservación previa, ya que es una propiedad privada perteneciente al Rancho San Luis Montserrat. La experiencia es gestionada a través de Xanball, Transportadora Turística, lo que garantiza un recorrido organizado, seguro y con atención personalizada para los visitantes.
La aventura inicia desde la llegada, donde el visitante puede ser recibido con los sabores de la región: café chiapaneco, tradicional pan de Coita, chilaquiles rojos, huevos con chorizo, frijoles y queso artesanal producido en el propio rancho, una degustación que forma parte del servicio y que prepara el ánimo para la exploración.
Con el equipo de seguridad listo, el recorrido comienza a bordo de un singular transporte: una estructura jalada por tractor, con asientos sobre pacas de heno, que avanza alrededor de 3.5 kilómetros hasta el corazón del complejo. El trayecto, lejos de ser un simple traslado, se convierte en parte esencial de la experiencia.

Especialistas señalan que en estas paredes rocosas es posible encontrar fósiles de plantas o animales, vestigios que refuerzan la teoría de que esta zona emergió del mar durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente 67 millones de años. Observar con atención cada superficie se convierte así en un ejercicio de asombro y conexión con la historia profunda de la Tierra.
Caminar junto a estas paredes, refugio de diversas especies de fauna silvestre, transmite una energía especial, acentuada por el clima templado que predomina gran parte del año y por las lluvias repentinas que dan carácter al lugar.
La humedad, la frescura del ambiente, la luz solar filtrada por la vegetación, el sonido constante de la naturaleza y las vistas espectaculares convierten a El Cerebro en un sitio enigmático y cautivador. Es un espacio ideal para visitar en pareja, con amigos o en familia, y dejarse sorprender por las bellezas naturales que se revelan a cada paso.
A tan solo 50 minutos de la capital chiapaneca, en el camino hacia Ocuilapa, este centro ecoturístico se presenta como una opción única para quienes buscan aventura, naturaleza y conocimiento, viviendo una experiencia auténtica al más puro estilo de Primer Plano Magazine.








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