ENTRE EL DARIÉN Y CHIAPAS: LA TRAVESÍA MIGRANTE QUE NO SE DETIENE
TAPACHULA, CHIAPAS.— Mientras en los rincones más inaccesibles del Tapón del Darién cientos de personas desafían ríos embravecidos, fango traicionero y el acecho de la selva con la única consigna de alcanzar el sueño norteamericano, en el sur de México la realidad del éxodo muestra su rostro de cansancio, sudor y asfalto.

El contraste es desgarrador, pero la meta es la misma. La noche del jueves pasado, una nueva columna de dignidad y desesperación tocó suelo tapachulteco. Se trata de un contingente de personas de origen hondureño que, tras ingresar por la frontera sur, completó una extenuante caminata de más de 12 horas para cubrir los 38 kilómetros que separan a Ciudad Hidalgo de Tapachula.
Su arribo al Parque Bicentenario no tuvo aires de fiesta, sino de pausa obligada. Bajo el implacable sol de la Costa chiapaneca, con temperaturas que superaron los 30 grados y soportando lluvias intermitentes en el trayecto, los integrantes de esta movilización humana llegaron mostrando las huellas físicas del camino: pies macerados, ampollas sangrantes, deshidratación severa y un agotamiento que se refleja en la mirada de niños y adultos por igual.
Sin embargo, para ellos Tapachula es solo una estación de paso. En la explanada del parque, entre mochilas improvisadas y refugios de cartón, los migrantes planean recuperar fuerzas durante un par de días para curar heridas y reponer el aliento. La tregua será breve: la ruta ya está trazada y la meta sigue distante. Este domingo, la caravana volverá a levantar sus pertenencias para emprender la marcha con rumbo a Oaxaca, continuando un periplo donde cada kilómetro recorrido es una victoria contra la adversidad.








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