Expertos explican por qué las auroras meridionales son casi imposibles de percibir desde la superficie terrestre
- Redacción
- hace 4 días
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Miami, (EFE).- Astronautas de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) capturaron y publicaron una serie de imágenes de auroras australes de alta intensidad tomadas desde la Estación Espacial Internacional (EEI). Los científicos a bordo confirmaron que las imponentes formaciones lumínicas fueron visibles durante el pasado fin de semana en la cara más meridional del planeta, resultado directo de un incremento súbito en la actividad del viento solar.

La astronauta de la NASA, Jessica Meir, integrante de la misión Crew-12 de SpaceX, detalló a través de la red social X que, a pesar de la alta carga de operaciones actuales en el complejo espacial, la tripulación se encuentra a salvo y en perfectas condiciones operativas. Meir acompañó su reporte con material fotográfico y de video de alta resolución donde se observa cómo el fenómeno electromagnético tiñe de verde fosforescente la atmósfera de la Tierra, serpenteando sobre los límites del horizonte espacial de forma similar al cauce de un río.
Desde el punto de vista astrofísico, las auroras australes se generan debido al choque de partículas cargadas de energía solar con el campo magnético terrestre, compartiendo el mismo origen físico que sus contrapartes del norte, las auroras boreales. Aunque este tipo de eventos geomagnéticos no representa una amenaza crítica para la integridad del laboratorio orbital ni para sus sistemas de navegación, la agencia espacial reconoció que la tripulación sí experimenta una exposición a niveles de radiación cósmica mayores a los rangos habituales.
La principal distinción entre ambos espectáculos celestes radica de forma exclusiva en la latitud geográfica donde se manifiestan. Mientras las boreales coronan el polo norte, las australes ocurren de forma exclusiva en el hemisferio sur; debido a la escasa presencia de núcleos de población en esta región —dominada por las masas oceánicas y el continente de la Antártida—, el fenómeno resulta sumamente difícil de avistar desde la superficie terrestre, requiriendo de plataformas espaciales para su registro integral.
Finalmente, los especialistas en clima espacial recordaron que el período óptimo para la observación de las auroras australes abarca de marzo a septiembre, un lapso temporal que coincide de forma directa con la temporada invernal en el hemisferio sur, temporada donde la inclinación axial del planeta y las condiciones de oscuridad facilitan que la interacción de los flujos de plasma solar se vuelvan perceptibles para los sensores ópticos de la Estación Espacial.








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