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  • EDITORIAL

Falta mucho para mejorar el buen salario mexicano

La decisión sobre el salario mínimo para 2023 es inminente. Y el presagio no es positivo. Parece que habrá regresión en lugar de un paso hacia adelante en la recuperación del salario mínimo para que sea suficiente y contribuya a superar el umbral de pobreza de millones de trabajadores. A la vieja usanza, los actores negocian “en bloque” y en “porcentaje”. Como antes.


El sector empresarial propuso 15% de incremento y hay quienes consideran que es alto. El sector “obrero” propuso 25% y hay sindicatos y grupos de trabajadores (as) que lo consideran “muy bajo”. El gobierno se colocó en posición salomónica con un ajuste en 20%. No es poco. Es más del doble de la inflación. ¿Entonces cuál es el problema?. En términos prácticos y simples, el problema de un ajuste “parejo” y basado en un “porcentaje” es que, si se aprueba en 20%, al salario mínimo general (SMG) le faltarán más de 2,350 pesos al mes (casi 80 pesos al día). Aunque 20% sea “mucho”, no basta. Para el salario mínimo general es muy poco y para otros salarios puede ser alto, sobre todo si se aplica como “efecto faro”. En realidad, el SMG necesita un aumento de más de 60%, no de 15% ni de 25%.

Lo cual, como aumento “general”, es absurdo, inviable y nadie lo plantea. Lo que proponen es usar la fórmula ya probada para ajustar únicamente el SMG con un porcentaje de referencia acorde con la inflación (10%) y adicionalmente un Monto Independiente de Recuperación (MIR), en pesos, únicamente para el SMG, para avanzar hacia la meta de ser suficiente para dos canastas básicas. Lo que se quiere de fondo es que se cumpla esa meta acordada y aceptada por el sector patronal al inicio del sexenio. Porque hoy está muy lejos. Y no se vale seguir postergando el plazo. El salario mínimo en la frontera ya está en el umbral, mientras que el SMG que aplica en el resto del país está muy lejos del objetivo.

Tratarlos “por igual” es actuar en detrimento de la gran mayoría de la fuerza de trabajo con salarios bajos del país. No se puede hacer un aumento “parejo” cuando los montos son tan distintos. El problema más grave de este tipo de acuerdos entre quienes toman las decisiones es que regresamos al pasado. Pareciera que quienes integran la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) y participan en estas discusiones, prefieren entrar al “túnel del tiempo” o a la máquina de “volver al futuro” y negociar en bloque un “aumento general”, en lugar de mantener el compromiso de recuperar el valor del SMG.


Algunos pretenden crear una señal para subir por decreto todos los salarios, sea 15, 20 o 25%, lo cual, hay que decirlo, para algunos sectores y empresas es una mala señal. En algunos casos será posible, en otros es demagógico. El incremento sustantivo es sólo para el SMG y los salarios más bajos, incluyendo los salarios mínimos profesionales más bajos.

El resto de los salarios deben ajustarse responsablemente con dos criterios: recuperar el valor perdido por la inflación y mejorar las remuneraciones con base en productividad y valor generado. Pero parece que eso “se les olvidó”. En realidad, el SMG no es prioridad para la mayoría de los sindicatos, pues quienes ganan salarios mínimos carecen de representación y organización sindical. Y para el sector empresarial todo indica que la consigna es “no moverle”. Parece que el riesgo de un incremento sustancial al SMG puede convertirse en un bumerang de exigencias.

Pero está resultando al revés: 20% no es buena negociación. No es una buena señal. Así que regresamos a fines de los 70s y los 80s, donde la decisión de la Conasami fijaba los incrementos salariales, como si tuviera atribuciones para definir las negociaciones salariales, lo cual es falso. El SMG debe subir con monto independiente de recuperación, en pesos, sustantivo. La otra decisión relevante es acordar el porcentaje de referencia. El porcentaje mínimo es 8.4% que recupera la inflación.

El correcto anda por el 10%. Este porcentaje funciona bien para recuperar el salario mínimo en la frontera y para los salarios mínimos profesionales “altos” (arriba del costo de dos canastas básicas). Si gana la negociación pragmática, será muy mala noticia para millones de personas que no ganan lo suficiente para salir de la pobreza. Además, el “efecto faro” también puede afectar a muchas empresas. Es un paso atrás. Recuperar el SMG es indispensable. El resto de los salarios se ajustan con base en la inflación. Y con productividad.

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