• CARLOS LUNA

Iglesia bendice a maestros y alumnos en este retorno a clases presenciales

Tuxtla.- Este fin de semana los obispos de México emitieron un Mensaje a las comunidades educativas del país, frente al nuevo ciclo escolar 2022-2023, dirigido a los directivos. En el caso de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez pidió a maestros, padres de familia, estudiantes y sociedad en general, a centrar su mirada en la tarea esencial de educar a los niños y jóvenes de nuestro México, pues ellos, son el centro y el fin de la acción educativa.


Fabio Martínez Castilla, arzobispo de la arquidiócesis de la capital chiapaneca expuso que: “En el documento afirmamos que, como señala el Papa Francisco, el mundo está atravesando por una catástrofe educativa global. Por ello, reiteramos el llamado para articular Pactos Educativos Locales que nos ayuden a tejer los lazos de solidaridad en la comunidad educativa, con el hilo cálido de la solidaridad, el cuidado y la creatividad”.

Hizo un llamado a responder a los desafíos más inmediatos de las instituciones educativas, pero también a encontrar caminos nuevos de relación.

“De cara a la crisis generalizada que vivimos, particularmente, a las crisis más apremiantes, que son la antropológica y la cultural, pues mientras el ser humano no asuma su existencia de manera trascedente y responsable, vivirá ahogado en sus visiones, intereses y sin sentido.

En el mencionado mensaje los arzobispos pidieron que se orienten mejor las pasiones y anhelos legítimos del magisterio a proyectos concretos, solidarios y factibles, que transformen nuestras realidades educativas locales.

“Por supuesto a cooperar para aliviar las situaciones de dolor de nuestros hermanos, particularmente los más pequeños, alejados y necesitados. Lo anterior con la máxima participación social del estado, es decir, gobierno y sociedad, es urgente desactivar los enconos, escuchar a los expertos, así como a los agentes directos de la educación”, expresó.

Destacó que, la educación es la actividad más humana, en la que guiamos y acompañamos a cada persona, en el desarrollo de sus facultades físicas y espirituales (inteligencia, voluntad, afectos, memoria, imaginación, capacidad de síntesis), en sus distintas dimensiones: individuales, ambientales y sociales, en favor de una civilización más fraterna, solidaria y responsable.

“Por eso vale la pena desgastarnos, entregando lo mejor de nosotros: son nuestros niños, nuestros adolescentes y jóvenes: merecen que con ellos se construya un futuro mejor desde la educación”, remarcó Martínez Castilla.