La aventura de ser mamá: Sie7e meses de Elisa
- ALEJANDRA OROZCO
- 4 oct 2020
- 3 Min. de lectura
Tuxtla.- Este domingo, como cada 4 de mes, Elisa cumplió siete meses. ¿En qué momento se nos pasó el tiempo y me cambiaron a mi bebé por una niña grande? Una niña que se la pasa gritando, sentada, aventándose para gatear y queriendo hacer las cosas ella sola.

Casi siempre les hablo de sus avances, de sus logros y de cómo va cambiando... pero en todo este tiempo también he crecido yo, he aprendido -y sigo aprendiendo todos los días- y ambas nos estamos cultivando mutuamente.
En estos meses he aprendido que sí, el tiempo pasa rapidísimo y los niños crecen en un abrir y cerrar de ojos, que no pasa nada si dejas para más tarde ese mameluco sucio, y te pones a jugar con ella, o que la horas de vidas en Candy Crush se recuperan, pero esos gestos Ya graciosos no.
También he aprendido que las abuelas saben mucho, su experiencia las respalda y casi siempre tienen la razón... casi siempre, porque cuando sigues tu instinto materno, también ese vale mucho, y no hay nada mejor para tu bebé que escucharlo y dejarte guiar por el.
Aprendí que los desvelos no son causados por un bebé llorón, sino porque se te pasan las horas viéndolo dormir, admirando su belleza, preguntándote qué hiciste para merecer tanta dicha y quedándote incrédula de que ese bebé sea tu hijo, tan perfecto, tan tranquilo y tan bonito.
En este tiempo he aprendido que es más satisfactorio comprar cosas que quizá Elisa no necesita, pero que se le ven divinas, a hacer un gasto en mi, aunque lo necesite, y es que las prioridades son otras y ellos quedan en primer lugar.

Es increíble cómo todo pasa a segundo término: el trabajo, la vida social, la vida en pareja -porque es verdad, un bebé lo cambia todo y ese es el reto más grande de muchas parejas-, el mundo no se detiene, pero para ti el mundo es ese ser que tienes entre tus brazos y que va antes que cualquier cosa o persona.
También te das cuenta que el día no te da para hacer todo, que las horas no te alcanzan y que casi siempre las tareas domésticas quedan para el final, que tienes un cerro de ropa sucia por lavar, que llevas semanas sin depilarte o tres días sin pintura de uñas, porque cuando ibas a hacer alguna de esas cosas, Elisa se despertó o necesitó un cambio de pañal.
Entendí lo importante que es estar bien informada como mamá, que no hay mejor herramienta que saber de manera general cómo tratar a un bebé, pero que para fines prácticos son las circunstancias las que te encaminan a actuar, y que romper los viejos mitos te ayuda a tener una crianza sin tantas restricciones ni complicaciones.
He aprendido que los horarios, rutinas y fórmulas no son para todos, nosotras estamos haciendo las cosas según ella las va necesitando y yo voy dándoselas, que si me dejo fluir todo fluye y que no puedo controlar todo, solo tener paciencia para aceptar cuando las cosas no salen como yo quiero en un principio y que a veces se te salen de las manos, poniendo siempre su bienestar antes que todo.
También sé que vale la pena tomar fotos y videos de todo, de casi todo, porque muy rápido esos recuerdos se van quedando atrás y basta con echarle un ojo a tu galería para revivir todos esos instantes, aunque no tenga ni un mes que hayan pasado, pero pareciera que se trata de otra niña.
Y sobre todo, he aprendido que no soy una mamá perfecta, pero soy la mejor mamá que Elisa puede tener y todos los días me esfuerzo por serlo, que como todo ser humano tengo momentos de debilidad o decaimiento, pero que basta con ver esa sonrisa aún sin dientes para saber que voy a extrañar todo, los buenos y los malos momentos, de mi bebé que cada día es menos bebé y más niña grande.








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